Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la ��poca de la ligereza en que vivimos” – Grupo Milenio

Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la ��poca de la ligereza en que vivimos” – Grupo Milenio

Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la época de la ligereza en que vivimos”

06:23por Héctor González

“Mis libros no son para denunciar al mundo, sino para comprenderlo”, advierte Gilles Lipovetsky (Francia, 1944). El filósofo se ha ocupado desde hace varios años de intentar entender el presente desde la cotidianeidad y la cultura popular. Sus títulos La era del vacío, El imperio de lo efímero o La felicidad paradójica, parten de aproximaciones a la moda, los medios de comunicación y la tecnología.

Su obra más reciente, De la ligereza (Anagrama), no es la excepción. El también sociólogo afirma que vivimos en la época de la ligereza. Sin caer en los extremos de si esto es malo o bueno, asegura que “antropológicamente es necesario”, a pesar incluso de las paradojas que esto conlleva.

Vivimos en la época de la ligereza o de lo ‘light’, sostiene. Empecemos por ahí. ¿Lleva una vida baja en calorías?

La verdad es que no. Me interesan poco los productos light, pero eso no me limita para analizar el fenómeno. No se trata de satanizar el término. No me interesa juzgar sino comprender. Mi consumismo va por el lado de los libros. Ahora que viajé a México, en lugar de pasar al Duty Free escribí un párrafo de mi próximo libro.

¿Por qué plantea que la ligereza es una necesidad sociológica de nuestra época?

No solo sociológica, también antropológica. Desde que hay pensadores la ligereza ha sido criticada. Sin embargo, no podemos imaginar la vida humana sin ella. Todas las sociedades están constituidas por momentos ligeros, para eso están las fiestas, los placeres. ¿Cómo vivir sin esto? Lo ligero no es cualquier cosa. Por eso sostengo que es una necesidad antropológica. Imagínese vivir sin el gozo o sin reír, es posible pero extraño. La vida es pesada, difícil, hay problemas y tristeza, pero necesitamos respirar. Es un error despreciar el término “ligero”. En la mitología el hombre siempre ha soñado con volar. La aspiración a elevarse ha estado en los chinos, en Da Vinci, y para elevarse hay que ser ligero.

El problema es cuando se confunde la ligereza con la frivolidad.

Sí. Su grabadora es ligera pero no frívola. En nuestro mundo se combinan ambos conceptos con facilidad. La tendencia en diseño y tecnología es reducir la materia y hacer objetos pequeños, como los smartphones; es probable que en el futuro tengamos periódicos en papel virtual. Al mismo tiempo, el capitalismo ha creado una cultura de distracción, seducción y frivolidad. No podemos confundirlos. Es interesante descubrir que el concepto de frivolidad puede englobar por igual a los objetos, la cultura de masas, los deportes ligeros, etcétera.

En su ensayo dedica un espacio a las relaciones humanas. Hablando en estos términos, ¿qué está pasando?

Es complicado, por un lado las relaciones humanas son más ligeras. Ya no las controlan instituciones como la familia o la Iglesia. Existe el divorcio y las mujeres pueden usar anticonceptivos. Antes era terrible para las chicas con una vida sexual activa previa al matrimonio. La civilización de lo ligero y el consumismo ha destruido todo eso. Dentro de su vida privada la gente vive de manera más liviana porque no hay contratos y puedes actuar como quieras. En contraste los sentimientos no son ligeros: los problemas de pareja nos abruman igual que siempre. Hoy es más fácil ligar por internet y hay libertinaje sexual, pero a la hora de una relación afectiva, la ligereza no existe. Los celos son pesados y la gente necesita amor. No es una cuestión individualista, es condición humana. Si lees a Houellebecq, que no es mi escritor favorito, encuentras pesimismo puro. Habla de cómo la gente busca amor y no lo encuentra, lo cual genera soledad y la soledad es pesada. A pesar de vivir en la civilización de lo ligero, las relaciones interpersonales siguen siendo complejas, densas y con horribles conflictos. Si te metes a un sitio de ligue por internet puedes ir de cita en cita, pero es probable que vayas de decepción en decepción. Puedes salir con 10 chicas a la vez y quizá al principio estés eufórico pero después vendrá el problema. La paradoja es compleja. Si una mujer se obsesiona con su físico, la cultura de lo light se vuelve abrumadora. Es decir, en el fondo nuestra vida interior no se ha aligerado.

Usted ha escrito que estamos enfermos de lo efímero…

Es verdad. La idea de El imperio de lo efímero es que el nuevo estatus del arte tiene la fuerza de la moda en las economistas capitalistas; y la moda está en todo lo que abarca el consumismo. En el diseño podemos encontrar muchas cosas, incluso su estatus ha cambiado tras la sombra del Bauhaus, hoy tenemos el minimalismo, lo kitch o lo vintage. Estamos en una situación de mezcla de estilos donde todo es posible. Hoy la moda es una parte central de la lógica capitalista.

¿Qué tan ajena es al trabajo intelectual esta pretensión de ligereza?

Como ya dije, no me interesa satanizar a la cultura de la ligereza porque, contrario a lo que muchos creen, nos ha dado muchas cosas, por ejemplo paz civil. Vivimos en sociedades menos violentas, tenemos más opciones para comunicarnos sin sufrir físicamente. Por otro lado, tampoco podemos llegar al extremo de generalizar, porque la sociedad y la vida humana exigen el esfuerzo. No es posible buscar todo el tiempo el placer, es necesario aprender y trabajar. Por eso necesitamos proponer a las nuevas generaciones otro tipo de ideales no siempre divertidos. Los juegos de video o las redes sociales no son todo, es una cuestión de encontrar la proporción adecuada. Hoy los jóvenes son adictos a los smartphone. No hay que ser reaccionario, pero necesitamos proponer cosas que exijan una visión y un fin que vaya más allá del consumismo. El hombre es un consumidor, pero no es solo eso. Necesitamos equilibrar las parcelas. Atrás de la civilización de la ligereza hay mucho trabajo, esto no cambia. Los objetos incorporan intelecto, ciencia, etcétera, no son cosas nada sencillas. La ligereza no puede ser el fin, el fin debe ser una sociedad más humana, solidaria y creativa, y para eso hay que trabajar.

Dentro de la dinámica de la civilización de la ligereza, usted afirma que las democracias han pacificado sociedades. ¿Cómo explicar entonces los ataques en Francia, las enormes migraciones, etcétera?

El gran problema de hoy es el terrorismo, no es ligero para nada, aunque está ligado a ello. Muchos yihadistas son jóvenes, tienen entre 20 y 30 años, y nacieron en Europa. El mundo de la ligereza ha creado el horror. Es difícil de explicar porque ha pulverizado todos los campos institucionales y ha creado un caos interior. Para ciertos individuos, el terrorismo es una forma de reconstruirse y obtener un poco de dignidad a partir de lo sagrado. Las minorías están encontrando nuevos parámetros por muy loco que parezca. Los fanáticos se hacen mártires porque buscan experiencias intensas que la vida cotidiana no les da. Se sirven de la autonomía para liberarse, incluso de sus familias. En este sentido, el Islam les aporta verdad y la posibilidad de sentir algo real. El terrorismo contemporáneo es la parte trágica de la ligereza, es su opuesto. Unos buscan llenar sus necesidades con dinero, otros con arte, y otros por medio de la violencia y el terrorismo. Me temo que esto seguirá porque la sociedad de lo ligero ha desmontado los elementos colectivos. No veo cómo resolveremos este problema en el futuro. Debemos aprender que esto no es una simple cuestión de manipulación, sino que es consecuencia de nuestra época. Insisto, no pretendo satanizarla, pero hay que entender que produce cosas buenas y otras terribles.

Ya dijo que Houellebecq no le interesa demasiado, pero su novela ‘Sumisión’ resultó casi premonitoria en este sentido.

No comparto su visión pesimista. Creo que la sociedad liberal es más sólida. Tengo miedo de ciertas cosas pero no somos descerebrados. No creo que el terrorismo destruya la democracia. El mundo ha cambiado, las medidas de seguridad o vigilancia son más extremas, pero tampoco veo la posibilidad, como asegura Houellebecq, de que el miedo sea la condición para aceptar el dictado del islamismo. Hay muchas interrogantes. No sabemos si veremos una debacle migratoria. La civilización de lo ligero se ha situado en un contexto global bastante pesado, es una gran paradoja. El rock o el Facebook cohabitan con el terrorismo. La diversión es una condición necesaria y propia del capitalismo, así que seguramente ambos polos aprenderán a cohabitar.

Tags: lipovestsky
September 08, 2016 at 11:48PM
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