El poder de los algoritmos: c��mo el software formatea la cultura | CCCB LAB

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El poder de los algoritmos: cómo el software formatea la cultura

La producción masiva de información que genera Internet que solo puede ser gestionada de modo automatizado mediante la aplicación de algoritmos.

Sandra Álvaro

29 enero 2014

Retrato de Ada Lovelace, primera programadora de la historia de las computadoras. Autor: William Henry Mote, 1838.

Retrato de Ada Lovelace, primera programadora de la historia de las computadoras. Autor: William Henry Mote, 1838. Fuente: The Ada Picture Gallery.

El uso de Internet se ha extendido, más allá de los ordenadores y de cualquier ámbito específico, infiltrándose en la textura de nuestra realidad y en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. El modo en que nos relacionamos, nos informamos, tomamos decisiones… en definitiva, conocemos y experimentamos nuestro entorno, está cada vez más mediatizado por los sistemas de información que conforman esta red. Esta interacción constante da lugar a una producción masiva de información que solo puede ser gestionada de modo automatizado, mediante la aplicación de algoritmos. Comprender cómo se ha formado y cómo interactuamos con este «medio algorítmico», desde un enfoque humanístico, es indispensable para que tanto los ciudadanos como las instituciones mantengan un papel activo en la conformación de nuestra cultura.

Un joven magnate de la información y las finanzas se dispone a cruzar Manhattan en limusina. Así empieza Cosmopolis, la última película de David Cronenberg, basada en la obra de Don DeLillo. Durante la travesía, Eric Packer analiza el flujo de informaciones dispensado por pantallas, mientras nos lleva a la búsqueda de una nueva perspectiva. El encuentro con distintos personajes, así como la irrupción de la ciudad y sus ruidos a través de las ventanillas, nos dejan ver los entresijos, las consecuencias y los intersticios de lo que en el film es denominado cibercapitalismo. El viaje finaliza con el enfrentamiento del protagonista –arruinado ante un comportamiento errático del mercado que los bellos números de sus algoritmos no pueden prever– con su personaje antitético, alguien que no encuentra encaje en el sistema.

La interacción de tecnología y capital, es decir, el procesamiento automático de datos masivos para la previsión y el control de las fluctuaciones del mercado, es una constante de la especulación capitalista. En efecto, en Wall Street un 65% de las operaciones son llevadas a cabo por programas de «algo trading». En un mercado global, donde se registran grandes masas de datos y donde una respuesta rápida supone una ventaja sobre la competencia, los algoritmos tienen un papel predominante tanto en el análisis como en la toma de decisiones.

Ahora bien, los algoritmos también se han ido infiltrando en todos los procesos que conforman nuestra cultura y vida cotidiana. Conforman el software que usamos para producir objetos culturales, programas que muchas veces se ofrecen de forma libre en la nube. Asimismo, operan en la distribución de estos objetos a través de la red y en la búsqueda y recuperación de los mismos por parte de los usuarios. Finalmente, se han hecho necesarios para el análisis y procesamiento de los datos masivos que produce la web social. Datos no solo referidos al siempre creciente número de aportaciones, sino también obtenidos del seguimiento de las acciones de los usuarios, en una web que se ofrece como plataforma para la participación y que crece y evoluciona con el uso.

Un algoritmo es una lista finita de instrucciones que se aplican a un input durante un número finito de estados para obtener un output, permitiendo realizar cálculos y procesar datos de modo automático.

La expresión algoritmo procede del nombre del matemático persa del siglo IX al-Khal-Khwarizm y al principio hacía referencia al conjunto de reglas para desarrollar operaciones aritméticas con números árabes. Este término fue evolucionando para definir un conjunto de reglas para ejecutar una función. La relación de esta expresión con la automatización se debe a Babbage y su hipótesis según la cual el total de operaciones envuelto en el desarrollo de un análisis podía ser ejecutado por máquinas. A este fin, todo proceso debía dividirse en operaciones simples e independientes de la realidad a procesar. A pesar del desarrollo de su máquina diferencial y la propuesta por parte de Ada Lovelace del primer algoritmo para ser desarrollado en una máquina, fue Alan Turing quien, en 1937, propuso la formalización definitiva del algoritmo con su máquina universal. El constructo teórico de Turing consta de un aparato hipotético que manipula signos en una cinta de acuerdo con una tabla de reglas definidas, y puede ser aplicado al análisis de la lógica interna de cualquier ordenador. El advenimiento de Internet supondrá la salida de este esquema lógico del ordenador. El protocolo Internet (1969) y la invención de la web (1995) permitieron un contenedor universal, donde los datos podían ser almacenados, accedidos y procesados desde cualquier ordenador. Esto, junto con la convergencia ligada al desarrollo de la informática personal en los años ochenta, llevaría a extender la computación, el cálculo numérico, a cualquier proceso digitalizado. Al mismo tiempo, los algoritmos, gracias a las URL, podían interactuar y conectarse entre ellos. Esto dará lugar a lo que Pierre Lévy denomina «medio algorítmico». Una estructura cada vez más compleja de manipulación automática de símbolos que pasará a constituir el medio donde las redes humanas construyen y modifican, de modo colaborativo, su memoria común.

Máquina de Turing.

Máquina de Turing. Fuente: Wikimedia Commons.

Los algoritmos operan en todas nuestras interacciones cotidianas con la web social. La conocida red social Facebook, a la que se conectan 699 millones de usuarios cada día, se plantea el problema de cómo mostrar las actualizaciones de los múltiples amigos, grupos e intereses que la red permite seguir. La solución a esta cuestión es Edgerank. Este algoritmo analiza los datos recopilados acerca de nuestros intereses –los «me gusta» que pulsamos–, el número de amigos que tenemos en común con el emisor de la historia, así como los comentarios realizados, para determinar qué post mostrar en nuestro «news feed» y ocultar las historias «aburridas». Del mismo modo, es un algoritmo el que rastrea el grafo de nuestros contactos para sugeriros nuevos amigos.

Twitter procede de modo similar a la hora de sugerirnos nuevas cuentas que seguir, elaborar el contenido de la pestaña «descubre» o la lista de los «trend topics». En este último caso, trabaja un complejo algoritmo que no se limita a contabilizar la palabra más twitteada, sino que tiene en cuenta si un término se ha acelerado en su uso, si ha sido tendencia anteriormente, o si este es usado en diferentes redes o solo dentro de un cluster densamente conectado de usuarios. A este fin, el algoritmo no solo cuenta con el seguimiento de los «hastags», la etiqueta que permite linkear con todas las historias que la contienen –propuesta en 2007 por esta plataforma y que ha extendido su uso a toda la web social–, sino que cuenta también con la tecnología de los links abreviados. Los t.co (f.bo, en el caso de Facebook) se generan cada vez que compartimos una web a través de un botón social. Estos permiten no solo economizar el número de caracteres, sino que convierten los links en estructuras ricas en datos, que permiten seguir cómo estos son compartidos a través de la plataforma y crear perfiles de sus usuarios.

La web social no está solo constituida por las redes sociales, sino también por todas aquellas plataformas que nos permiten crear y compartir información. Entre estas, los sistemas de publicación como los blogs, los sistemas de recomendación como Ding o Reddit y los dispositivos de búsqueda. Todas estas plataformas están dirigidas por algoritmos que responden a distintas cuestiones. En el caso del buscador Google, en un medio que consta de más de sesenta trillones de páginas y en el que se realizan más de dos millones de búsquedas por minuto, este servicio parte de la premisa «tú quieres la respuesta, no trillones de páginas web». A este fin, la indexación basada en palabras clave se hace insuficiente, por lo que PageRank imita la conducta del usuario para asignar un valor a las páginas y poder ofrecer los resultados más pertinentes. Esto se lleva a cabo mediante el seguimiento de links efectuados a y desde cada página. Al mismo tiempo, este algoritmo es asistido por otros que tienen en cuenta nuestro historial de búsquedas, analizan nuestro lenguaje y determinan nuestra localización para personalizar los resultados.

También son algoritmos los que computan datos extraídos de nuestras acciones para sugerirnos qué libros comprar en Amazon, qué vídeos ver en Youtube o qué anuncios mostrarnos en todas estas plataformas. A estos algoritmos con los que interactuamos cotidianamente podemos sumar otros, como Eigenstaste, desarrollado en Berkeley, un sistema de filtrado colaborativo, para la computación rápida de recomendaciones; el recientemente desarrollado en la Universidad Cornell y la Carnegie, que permite construir nuestra biografía a través de nuestras publicaciones en Twitter, o el desarrollado en el Imperial College London para identificar las cuentas de Twitter que corresponden a boots, permitiendo reducir el spam. La algoritmia tiene una cada vez mayor presencia en nuestra cultura, como muestran las entradas de #algopop, un tumblr dedicado a seguir las apariciones de algoritmos en la cultura popular y la vida cotidiana.

Estos ejemplos muestran cómo el acceso y la indexación de la información contenida en Internet se procesan automáticamente, a partir de datos extraídos de nuestro comportamiento en línea. Nuestras acciones crean un flujo de mensajes que modifican la masa inextricable de relaciones entre datos, modificando sutilmente la memoria común. Esto da lugar a que la comunicación en el «medio algorítmico» sea estigmérgica, es decir, en este las personas se comunican entre ellas modificando su medio común. Cada link que creamos y compartimos, cada tag que añadimos a una información, cada acto de aprobación, búsqueda, compra o retweet, es registrado en una estructura de datos, y posteriormente procesado para orientar e informar a otros usuarios. De este modo, los algoritmos nos asisten en nuestra navegación a través del inmenso cúmulo de informaciones de la red, tratando la información producida individualmente, para que pueda ser consumida por la colectividad. Pero, al gestionar la información, estos también reconstruyen relaciones y organizaciones, forman gustos y encuentros, pasando a configurar nuestro entorno e identidades. Las plataformas se constituyen en entornos socio-técnicos automatizados.

Máquina analítica de Babbage mostrada en el Museo King George III, 1844.

Máquina analítica de Babbage mostrada en el Museo King George III, 1844. Fuente: Wikimedia Commons.

La aplicación de la automatización a nuestra cultura tiene consecuencias epistemológicas, políticas y sociales a tener en cuenta. Entre ellas, el registro constante de nuestras acciones supone un cambio respecto a lo que es la privacidad, y el hecho de que estos algoritmos nos enrolan en procesos de los que no somos conscientes. Finalmente, a pesar de que nos dan acceso a información que, por su dimensión, ha dejado de ser humanamente discernible, ampliando nuestra agencia y capacidad de elección, lejos de ser neutros, estos algoritmos también albergan capacidades de control.

La mayoría de usuarios percibe la web como un medio de difusión, en el sentido de los medios tradicionales, sin ser conscientes de cómo la información es filtrada y procesada por el medio. Los algoritmos no solo son imperceptibles en su acción, y desconocidos, en muchos casos, por estar en manos de agencias comerciales y protegidos por las leyes de propiedad, sino que también se han hecho inescrutables. Ello es debido a la interrelación existente entre complejos sistemas de software y su constante actualización.

Por otro lado, estos no solo se aplican al análisis de datos, sino que, en un segundo momento, toman parte en el proceso de decisiones. Esto nos plantea si es lícito aceptar las decisiones tomadas de modo automático por algoritmos de los que no sabemos cómo operan y que no pueden estar sujetos a discusión pública. ¿Cómo podemos discutir la neutralidad de unos procesos que son independientes de los datos a los que se aplican? Finalmente, los algoritmos, al analizar datos registrados de nuestras acciones anteriores, tienen una fuerte dependencia del pasado, lo que podría derivar en el mantenimiento de estructuras y una escasa movilidad social, dificultando las conexiones fuera de clusters definidos de intereses y contactos.

Teniendo en cuenta que arbitran cómo fluye la información por la esfera pública, se hace necesario plantear metáforas que hagan aprehensibles estos procesos, más allá de los expertos en computación. Del mismo modo, hay que extender su comprensión y uso a la población para que pueda participar en la discusión acerca de qué problemas son susceptibles de una solución algorítmica y cómo plantearlos. Hay que fomentar la participación para mantener la diversidad ecológica de este medio y su relación con la pragmática.

Respecto a estas cuestiones, Mathew Fuller, uno de los iniciadores de los estudios sobre software (software studies), hace notar que, aunque los algoritmos constituyen la estructura interna del medio donde hoy en día se realiza la mayor parte del trabajo intelectual, escasamente son abordados desde un punto de vista crítico y humanístico, quedando relegados a su estudio técnico. En su obra Behind the Blip: Essays on the Culture of Software, este autor propone algunos métodos encaminados a esta crítica. Entre ellos, la ejecución de sistemas de información que pongan al descubierto su funcionamiento, estructura y condiciones de verdad; el mantenimiento de la poética de la conexión inherente al software social, o la promoción de un uso que siempre sobrepase las capacidades técnicas del sistema. Y la promoción de conexiones improbables que enriquezcan nuestro medio con nuevas posibilidades y perspectivas más amplias, dejando lugar a la invención.

En este sentido, podemos citar algunas iniciativas en torno al «medio algorítmico» que ya se llevan a cabo y que contribuyen al uso de la computación por no expertos, y a la elaboración de este medio por comunidades de prácticas y usuarios. Entre estas, el periodismo de datos, que elabora narrativas a partir del minado de datos; el software libre, que desarrolla sus productos en colaboración con sus usuarios; las iniciativas de crowdsourcing, que añaden a la ecología de la red datos obtenidos por los usuarios de modo consciente y colaborativo, y la creciente elaboración colaborativa de MOOC (cursos masivos en línea).

Por su parte, también se hace necesaria la presencia de las instituciones culturales en el medio virtual. La accesibilidad en línea a sus archivos, datos, modos de hacer y saberes, proyectos y colaboradores contribuye a promover nuevos intereses y relaciones, aprovechando la estigmergia para mantener la diversidad y la poética de este medio. Al mismo tiempo, la proposición de workshops, como los programados en Universo Internet, contribuye a la comprensión y consciencia de este medio, para una mayor y más efectiva participación.

En este momento, el medio algorítmico incrementa su capacidad y alcance, debido a la aplicación de la inteligencia artificial. Es el caso del nuevo algoritmo semántico de Google, Hummingbird –capaz de analizar el lenguaje natural– o del nuevo reto planteado por Mark Zukenberg «entender el mundo», gracias al análisis del contenido de los post compartidos en Facebook. La discusión crítica y pública de la participación de estos dispositivos en la conformación de nuestra cultura es una necesidad si queremos mantener la diversidad y accesibilidad de la red

Sandra Álvaro@EnLaCiutat12 Publicaciones

Artista de los nuevos medios e investigadora doctoral del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Ver comentarios3


  • adolflow | 03 marzo 2014

    Interesantísimo, gran resumen.

    Un detalle, la imagen de NotaG ya no está disponible:
    http://ift.tt/2gzJo2R

  • Equip CCCB LAB | 03 marzo 2014

    Gracias. Ya hemos quitado la imagen de “Nota G”

  • Oriol Abad Hogeland | 13 marzo 2014

    Un control és un negoci.

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a vez en la campaña electoral. Los medios periodísticos han dedicado abundantes recursos para cubrir un proceso electoral como ningún otro en la historia norteamericana reciente. Pero, ¿qué tan influyente ha sido esta cobertura? En mi predicción para el periodismo en 2016 escribí en el sitio de Nieman Lab que:
“A medida que los Estados Unidos avancen hacia un año de elecciones presidenciales, podemos anticipar que durante el año 2016, las principales organizaciones periodísticas dediquen considerables esfuerzos y recursos para cubrir el proceso político. Ellas esperarán que su cobertura noticiosa sólida importe mucho, y por lo tanto actuarán de acuerdo con su habitual fanfarria. Pero esta cobertura probablemente cumplirá un papel secundario respecto de las prácticas de comunicación más centrales y mundanas que conectarán a los líderes políticos con la ciudadanía en las redes sociales”.
Con la campaña electoral acercándose a su fin, vale la pena preguntarse si esta predicción ha sido exacta. Sostengo que la respuesta es “en gran medida, sí”.
En los últimos meses, la mayoría de las organizaciones de noticias líderes y tradicionales en los Estados Unidos han conducido, de manera uniforme y consistente, una cobertura negativa de Donald Trump. Amplias notas periodísticas y elaborados artículos de opinión han indagado acerca de todos los aspectos concebibles de las declaraciones sexistas, racistas y xenófobas del candidato presidencial republicano. Los principales medios de noticias también han examinado las operaciones comerciales de Trump, desde la administración de sus casinos y proyectos inmobiliarios hasta sus prácticas impositivas, y reportaron profusamente sobre los aspectos menos positivos de estas operaciones.
La cobertura negativa de Donald Trump proviene, no solo de fuentes con tradición progresista, sino de una porción amplia del espectro ideológico, aunque algunos críticos de izquierda argumentan que a veces los medios han pecado en crear una falsa equivalencia entre ambos candidatos presidenciales en su búsqueda de un periodismo objetivo. Encontramos un claro indicador de la amplitud de la cobertura negativa sobre Trump en la distribución de las manifestaciones de apoyo editorial de periódicos y revistas hacia los candidatos. Hillary Clinton recibió el respaldo de 229 diarios y 131 semanarios, incluyendo organizaciones de noticias que históricamente han evitado identificarse con alguno de los partidos y otras que representan la ideología conservadora asociada, casi siempre, con candidatos republicanos. Por el contrario, Trump recibió el aval de 9 diarios y 4 semanarios. Esto ha resultado en una diferencia de 27 a 1 apoyos explícitos por parte de organizaciones de noticias en favor de la candidata demócrata.
Aunque los contrafácticos son siempre difíciles de evaluar, creo que es razonable argumentar que, por ejemplo, durante la segunda mitad del siglo XX, tan solo una fracción de esta cobertura negativa hubiera bastado para dañar las posibilidades de un candidato presidencial y tal vez incluso descarrilar la candidatura en su totalidad. Por el contrario, dos días antes de que los estadounidenses terminen de votar, el promedio de las encuestas principales proporcionadas por el sitio RealClearPolitics muestra que Donald Trump permanece dentro del margen de error de ganar el voto popular. Para entender cómo esto es posible, debemos mirar la dinámica de la comunicación política en redes sociales.
En los ciclos electorales de 2008 y 2012, las campañas del presidente Barack Obama superaron con creces a las de John McCain y Mitt Romney, respectivamente, en medios sociales. El presente ciclo electoral estuvo marcado por una inversión dramática de esta situación: la operación de medios sociales de Donald Trump ha superado con claridad a la de Hillary Clinton.
En cuanto al número total de seguidores, el viernes 4 de noviembre, la página de Facebook de Trump acumulaba 11,9 millones de “me gusta” y su cuenta de Twitter contaba con 12,9 millones de seguidores. El número de Clinton fue de 7,8 millones y 10,1 millones. En otras palabras, a partir de ese día, Clinton tenía 53% menos “me gusta” en Facebook y 27% menos seguidores en Twitter. (Hay otras razones por las cuales los candidatos tienen una presencia en los medios sociales, incluyendo para obtener donaciones y recolectar direcciones de correo electrónico de voluntarios potenciales, pero el tema escapa el alcance de este análisis.) En una era de “click farms” y “bots” políticos, no todos los seguidores en medios sociales son genuinos, pero no hay razón para creer que esto pueda dar cuenta de la gran mayoría de cifras divergentes entre las campañas.
A la luz de las a veces extravagantes prácticas comunicativas de Donald Trump, es posible que una parte de su público en medios sociales lo haya seguido para comprobar el último “post” escandaloso sin significar que apoyan su candidatura. Sin embargo, una mirada a las métricas de compromiso e interacción en medios sociales también demuestra el éxito superior alcanzado por la estrategia de comunicación de Trump. Por ejemplo, también en la mañana del viernes 4 de noviembre, un “post” sobre un acto de campaña subido a la página de Facebook de Trump 14 horas antes acumulaba 92,000 “me gusta”, 40,000 “me encanta”, lo habían compartido 29.782 veces, y el video incluido lo habían visto 2.100.000 veces. A modo de comparación, un post hecho 12 horas antes en la página de Facebook de Hillary Clinton, también sobre un acto de campaña, tenía 14.000 “me gusta”, 1.300 “me encanta”, lo habían compartido 1.965 veces, y el video incluido en él lo habían visto 218.000 veces. El mensaje de Trump en los medios de comunicación social ha suscitado un compromiso y una interacción mayores que el de Clinton y la discrepancia en la intensidad sorprende: por ejemplo, el post de Trump recibió 30 veces más “me encanta” que el de Clinton. Un contraste de las medidas de compromiso en Twitter, como el número de retweets y “me gusta”, exhibe un patrón similar de mayor atracción de Trump sobre Clinton entre sus respectivos seguidores.
La divergencia de tendencias entre los medios de noticias y los medios de comunicación social ocurre en un período histórico en el cual ha habido una contracción dramática en los primeros y una expansión fenomenal en los segundos. Por ejemplo, según el formulario 10-K que The New York Times Company —no sólo la empresa líder en el periodismo estadounidense sino una organización que ha apostado su futuro al mundo digital—presentado a la Comisión de Valores de EE.UU., los ingresos totales permanecieron en el rango de U$ 1.5 mil millones cada año, entre 2011 y 2015, con ganancias de más de $63 millones para 2015. En contraste, el 10-K de Facebook muestra un crecimiento de ingresos de $3.7 mil millones en 2011 a $17.9 mil millones, entre 2011 y 2015, con ganancias de $3,6 mil millones en 2015. En otras palabras, mientras que los ingresos de la empresa The New York Times se mantuvieron estancados durante los últimos cinco años, con un margen de beneficio del 4% el año pasado, los ingresos de Facebook se cuadruplicaron durante el mismo tiempo y alcanzaron un margen de beneficio del 20% en 2015.
A pesar de las diferencias en sus estrategias y productos, todos los medios de comunicación —incluyendo los de noticias y los sociales— juegan en el mismo mercado, compitiendo por la atención del público. La marcada discrepancia en los desempeños del New York Times y Facebook es un indicador de la distribución de la atención de la gente en la sociedad contemporánea hacia los distintos medios de comunicación. Los gastos de publicidad siguen a esta distribución, y un vistazo de a dónde fueron los dólares el año pasado cuenta una historia concluyente: el 65% de los dólares de publicidad digital de pantalla gastados en Estados Unidos se repartió entre cinco empresas, ninguna de las cuales está en el negocio de noticias. Facebook fue la gran ganadora, recibiendo 30 centavos de cada dólar—un número que sube a 38 centavos por cada dólar gastado en anuncios de “display” para celulares— lo cual representa un incremento del 20% respecto de 2014.
Estas cifras sobre temas financieros y publicitarios señalan la creciente importancia de los medios de comunicación social en relación con los medios de noticias. Más importante para los propósitos actuales, las mismas comienzan a explicar por qué una presencia más fuerte en las redes sociales pudo haber permitido a la campaña Trump contrarrestar su posición abrumadoramente inferior entre los medios de noticias. Sin embargo, también debemos mirar el carácter de las prácticas comunicacionales de la gente para obtener una imagen más completa de la influencia relativa que tienen los diferentes medios de comunicación en la comunicación política.
La evidencia informal sugiere que la gente visita los sitios de medios sociales más de una docena de veces al día, en promedio. Por lo tanto, no es de extrañar que, de acuerdo con un informe, el consumo de medios de comunicación social se ha convertido en una actividad preponderante en el tiempo no dedicado a trabajar o dormir. Usar las redes sociales ocupa un segundo lugar en el tiempo libre, sólo superada por la preparación y consumo de comidas, y con una frecuencia más alta que la actividad física para la persona promedio. Pasar tiempo en las redes sociales se ha vuelto algo tan generalizado en la vida cotidiana de las personas que poco a poco ha engullido los hábitos de consumo de noticias.
Los hallazgos preliminares de un proyecto de investigación en curso sobre la dinámica del consumo de medios y noticias que estoy desarrollando con mis colegas muestran que la mayoría de las personas se informan, en mayor medida, como parte de su uso de medios sociales. Es decir, la gente se informa sobre la actualidad no como una actividad en el centro de su atención, sino como un resultado incidental de consumir Facebook, Twitter o Snapchat en las pantallas pequeñas de sus dispositivos móviles. La mayoría de las veces, la gente se concentra sólo en el título y la bajada, con menor frecuencia hacen clic en una historia, y cuando lo hacen, muy rara vez la leen en su totalidad. La atención dedicada a las noticias suele ser efímera y entremezclada con un amplio espectro de ítems de información —desde fotos de la nueva mascota de un amigo hasta informes sobre el viaje exótico de un familiar.
Esta reducción de la mayoría de historias a un puñado de palabras o segmentos cortos de video, y su mezcla en una corriente de información sobre la vida cotidiana, contribuyen a disminuir la influencia potencial de las noticias dentro de las prácticas informacionales típicas de la mayoría de la gente. Además, las prioridades comerciales de una empresa como Facebook moldean la lógica algorítmica de su “feed” de noticias: dado que cuanto más felices somos, más probabilidades hay de que los anuncios que nos muestran sean efectivos, el algoritmo prioriza elementos de información que son consistentes con nuestros puntos de vista. Por lo tanto, incluso si se nos presentara un gran número de noticias en los medios sociales y nosotros les dedicásemos mucha atención, la probabilidad de obtener información que nos exponga a puntos de vista alternativos y nos ayude a aprender algo nuevo sería relativamente baja. Esta lógica algorítmica aísla a las personas de la influencia de noticias que podrían alterar sus preferencias de políticas preexistentes.
Sobra decir que los medios de comunicación son sólo uno de los factores que determinan las preferencias electorales, y ciertamente no el más importante. Además, Donald Trump es un candidato bastante único en la historia política moderna, en parte debido a su fuerte presencia en el mundo del espectáculo. Pero incluso después de tomar todo esto en cuenta, creo que esta elección se convertirá en un punto de inflexión en el nexo que conecta a los medios de comunicación con las campañas políticas.
El marcado contraste entre la dinámica editorial y las preferencias electorales podría conducir, en el corto plazo, a dos tendencias que afectan directamente a los medios de comunicación. En primer lugar, una disminución de la inversión en anuncios electorales en medios de noticias y un aumento paralelo en la inversión los medios sociales. Esto podría tener un efecto negativo importante en los medios audiovisuales, en particular en las estaciones de televisión locales. Esto, a su vez, disminuiría los recursos disponibles para la cobertura periodística, reforzando aún más la tendencia a la baja en la influencia de los medios noticiosos. En segundo lugar, también podríamos ver una adaptación en la presentación de las noticias para que coincida con el carácter de las prácticas de consumo de medios sociales en dispositivos móviles: un mayor enfoque en el titular y la bajada, a menudo transmitida con tono sensacionalista, y una disminución en el tratamiento extensivo de las notas. Esto intensificaría aún más la tendencia hacia los “soundbites” y alejaría al discurso político de conversaciones complejas —una dinámica para la cual el rasgo distintivo de 140 caracteres de los medios sociales es más adecuado que los medios de noticias.
Si se materializaran, estas tendencias no serían un buen augurio para el futuro de los medios de noticias. Pero a veces, como escribió en los muy lejanos años sesenta el Premio Nobel de Literatura 2016 : “No necesitas un meteorólogo / Para saber en qué dirección sopla el viento”.
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* Pablo BoczkowskiAcademicoEra marzo de 1996. Clarín organizó un chat con Adolfo Bioy Casares. Entre los internautas interactivos se contaba Pablo Boczkowski, que se fascinó por el rol del periodista, que pasaba de hacer las preguntas a moderar las de los usuarios. Desde entonces, se pasa horas en los sitios online de noticias. Muchas veces para saber las últimas noticias de su San Lorenzo querido, pero más veces aún para investigar a los medios informativos digitales, tema en el que es referente mundial. Ver más
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* UNSAM Campus Miguelete25 de Mayo y Francia (CP 1650) San Martín, Prov. de Buenos Aires Argentina ISSN 2344-9365
Martes 8 noviembre de 2016 ® Todos los derechos reservados. Anfibia – Crónicas y Relatos de no ficción.
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Tags: pablo j. boczkowski, medios
November 08, 2016 at 01:02PM
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Los diarios con Hillary, los fans con Trump – Revista Anfibia

Caparr��s y la vida de “un antiperonista un siglo antes de Per��n”

Caparr��s y la vida de “un antiperonista un siglo antes de Per��n”

Caparrós y la vida de “un antiperonista un siglo antes de Perón”

Entrevista al autor de “Echeverría”.

El escritor dedica su nuevo libro al autor de “El matadero”, un texto clave en la narración de la violencia política.


Con perspectiva. Caparros mira la Argentina desde España, donde vive. /Guillermo Rodriguez Adami

Con perspectiva. Caparros mira la Argentina desde España, donde vive. /Guillermo Rodriguez Adami

El azar puede tejer momentos inesperados. Como por ejemplo que Martín Caparrós tenga que hablar de Esteban Echeverría – a quien el escritor considera el primer antiperonista de la historia argentina, aun antes de que existiera el peronismo- en “Un café con Perón”, el bar del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, en Recoleta. No estaba previsto que allí transcurriera la entrevista con Clarín, por lo que Caparrós se sorprende al ver la escultura del ex presidente, con un saco blanco, sentado a una mesa con un pocillo de café en la mano.

Caparrós ahora vive en España pero está en Buenos Aires para presentar Echeverría, una novela apasionante sobre el primer poeta del Río de la Plata, como lo define, el hombre que quiso inventar la literatura nacional, el responsable de El dogma socialista a la juventud argentina, el autor de La cautiva y El matadero y a quien, se entiende, lee en clave antiperonista considerando a este movimiento un heredero de la “barbarie” federal.  Poco sabía el escritor de su personaje al empezar pero que le dio la posibilidad de “contar una vida”.

A través de la novela, Caparrós va develando en capas la persobalidad, las tribulaciones y ambiciones de un hombre relevante de nuestra literatura y la juventud política que forjó la argentinidad. Todos los “agujeros” en la vida de Echeverría por falta de archivos y documentos los completa Caparrós con los recursos de la novela.


Esteban Echeverría. En uno de los daguerrotipos recuperados por Luis Príamo.

Esteban Echeverría. En uno de los daguerrotipos recuperados por Luis Príamo.

-¿Qué sabías de Echeverría antes de la novela y qué sabés ahora?

-Sabía lo que había aprendido en el colegio y poco más. Salvo haber vivido alguna vez en la calle Echeverría no tenía muchas referencias. Creo que Echeverría fue un habitué de nuestra toponimia antes que una referencia literaria o histórica. Di con él por casualidad. Estaba en la Feria del Libro de Guadalajara, invitado para presentar una colección del Ministerio de Cultura de México. Mientras esperaba me puse a hojear El matadero y me di cuenta de que era una gran crónica. Pero además, que era la primera gran crónica argentina. Durante un muy breve lapso tuvo un gran reconocimiento, hasta que fracasó el Salón Literario y la Asociación de Mayo. Fue el primer poeta del Río de Plata.

-¿Y qué fue lo más singular que descubriste sobre Echeverría?

-Es un pensamiento inconfesable, pero creo que el tipo fue el primer antiperonista, en el siglo XIX. Lo que tiene mucho mérito porque en 1830 –es decir mucho antes de 1945- ser antiperonista requería cierta clarividencia. Además tenía ganas de escribir una vida que me interesara. Ese mismo día volví al hotel y empecé a buscar información. Fui encontrando cosas interesantes. Echeverría fue el tipo que quiso inventar una literatura que le diera esa identidad al país. El país tenía veinte años de existencia y no tenía aún una identidad cultural. No había otro modo de construirla que a través de la literatura, sobre todo porque la Argentina había rechazado la cultura española y era una tabla rasa.

-Y también estaba su actuación política.

-Además, tuvo una activa participación política. Fue líder de la generación del 37 que se opuso al gobierno de Juan Manuel de Rosas y lo pagó caro, con el exilio en Montevideo, donde murió pobre, olvidado y triste. Fue un personaje buen mozo y seductor en esa aldea llamada Buenos Aires, con ese aire de poeta que había vivido en París, y se vestía de manera exótica.

-¿Qué vaso comunicante atraviesa estos tres siglos para que un escritor del siglo XXI se interese por un poeta del siglo XIX?

-Creo que Echeverría es responsable en la construcción de un relato, tema del que hemos hablado mucho estos últimos años. La literatura cumplía esa función, precisamente, la de construir un relato con el que este país pudiera identificarse. Y era parte de una generación que luchaba contra un gobierno dictatorial. Sus propuestas en El dogma socialista siguen siendo penosamente vigentes en la Argentina. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX decía que el país necesitaba agregarle valor a su producción agrícola. ¡Es lo que seguimos discutiendo 170 años después! Muchas de sus propuestas son actuales en este famoso país calesita y, por supuesto, otras son radicalmente opuestas.

-Entre tus últimos libros hay crónicas esclarecedoras. ¿Por qué te decidiste por cambiar el rumbo?

– En medio de esas crónicas hubo novelas también. Esta no es una novela histórica, sino una novela hecha a partir de materiales históricos que se toma todas las libertades de la novela. Muchas cosas ocurrieron y otras las inventé. No quería hacer un compendio de hechos históricos sino producir un texto. Había leído a tres autores franceses que escriben vidas y me gustan mucho: Patrick Deville, Jean Echenoz y Emmanuel Carrère. Quise escribir esta vida del mismo modo, Claro, ellos lo hicieron simple. Yo lo compliqué un poco.

-¿Qué es lo absurdo del pensamiento de Esteban Echeverría?

-Acá no había habido casi escritura y la que existía estaba relacionada con lo español, que esta generación rechazaba, pensando que había que inventarlo todo. Echeverría se había pasado varios años en París y creía que había que escribir como Schiller, como Víctor Hugo, como Lamartine. Absorbió una cultura muy contemporánea para su tiempo. Claro que cuando quiso argentinizarlo tuvo que empezar no desde la cultura sino desde la supuesta barbarie y entregarse a aquello contra lo que peleaba: la naturaleza desbocada, los indios, lo salvaje. Cada vez que pensamos un país chocamos contra el país real.

-¿”La cautiva” y “El matadero” te parecen buenos libros?

-Creo que Echeverría peleaba contra su propia falta de talento. La cautiva es un libro al que se le notan las costuras y El matadero tiene la particularidad de que no fue publicado en vida. Es un libro póstumo que decidió publicar su albacea literario, Juan María Gutiérrez, en 1870, mucho después de que Echeverría muriera. El matadero se parece mucho más a cierta idea contemporánea de la literatura. Es curioso que nadie sepa cómo será leído con el tiempo.

-Viviendo afuera, ¿qué mirada tenés hoy sobre el país?

-Lo que veo es un país sin una idea clara de cómo parar la degradación. Vengo a Buenos Aires y veo una ciudad gastada, en un país que -me da la sensación- tiene todas sus estructuras también degradadas. Nadie cree en las dos o tres cosas en las que sería útil creer. La Justicia, por ejemplo. Veo un país que se ha dejado ir, que no sabe cómo retomarse a sí mismo y que cada vez acepta más cosas, como si tuviera un nivel de tolerancia cada vez mayor. Este país necesita ponerse dos o tres objetivos centrales y cumplirlos. Hay discusiones por eslóganes, cantitos y caras, pero hace años que no existe una discusión nacional seria para hacer funcionar el país, empezando por reconstituir el tejido social y las instituciones que no funcionan. Desde el retorno de la democracia todo gobierno es una reacción al gobierno anterior. Argentina es un país que reacciona estableciendo rupturas en lugar de continuidad.

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October 24, 2016 at 09:32AM
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Caparr��s y la vida de “un antiperonista un siglo antes de Per��n”

Umberto Eco: De Picasso a Pikachu | Babelia | EL PA��S

Umberto Eco: De Picasso a Pikachu | Babelia | EL PA��S

De Picasso a Pikachu

Hace medio siglo, Umberto Eco analizó cómo la cultura de masas dinamitaba las viejas categorías estéticas. ¿Cómo podría aplicarse hoy su análisis?

De Picasso a Pikachu

En 1964, Umberto Eco, por entonces un curioso intelectual experto en la estética de santo Tomas de Aquino, pero muy interesado en ese new media llamado televisión, publicaba Apocalípticos e integrados, un volumen que se convertiría en un clásico de los estudios de comunicación. Después de revisar las teorías que veían en la cultura de masas el fin de la vida inteligente sobre la Tierra y el sometimiento definitivo de los consumidores a la lógica de las pantallas, Eco repasaba las teorías que reivindicaban esa misma masificación cultural en nombre de la democratización del consumo de contenidos antes reservados a ciertas clases sociales. Al final de su recorrido, Eco adoptaba una mirada crítica pero impregnada de optimismo. Más que un integrado, Eco se presentaba a los lectores como un antiapocalíptico dispuesto a meterse en el nuevo territorio y explorarlo a fondo sin quedar hipnotizado por sus supuestas bondades.

Podría decirse que cada nueva tecnología de la comunicación genera sus apocalípticos e integrados. No importa que se trate del telégrafo, la televisión o el smartphone: por cada nueva especie mediática que irrumpe en la ecología de la comunicación no tardan en brotar sus defensores y criticones. Cuando apareció el telégrafo en la primera mitad del siglo XIX, algunos soñaron un mundo sin guerras donde reinaría el diálogo; seguramente las empresas que transmitían mensajes a caballo de una costa a otra de Estados Unidos no vieron con nuevos ojos el new media que mandaba mensajes en código Morse en pocos segundos. Como escribió James Gleick[2], autor de The Information[3], “cuando la gente dice que Internet nos convertirá a todos en genios, eso ya fue dicho sobre el telégrafo. Por otro lado, cuando dicen que Internet nos volverá estúpidos, eso también se dijo del telégrafo”. La historia se repite, primero como apocalipsis, simultáneamente como redención.

Que Internet nos convertirá a todos en genios (o en estúpidos) es algo que ya se dijo del telégrafo

Las nuevas tecnologías —¿qué es una nueva tecnología? ¿Un blog? ¿Twitter? ¿Periscope? Lo nuevo de hoy es lo viejo de pasado mañana— también despiertan los mismos temores y esperanzas. Las conversaciones sobre la web en los años noventa, la Wikipedia a principios del 2000, las redes sociales y los dispositivos móviles en estos últimos años siguen el mismo patrón: apenas aparece algo nuevo, los intelectuales no tardan en apuntarse a alguno de los dos bandos. Como en el fútbol o la política, lo más interesante es cuando algunos de ellos deciden cambiar de bando y enrolarse bajo otra bandera. Si, en su libro Life On The Screen (1997), Sherry Turkle (MIT) festejaba las primeras experiencias de vida en línea, casi dos décadas más tarde, en Alone Together (2012), despotricó contra las nuevas formas de comunicación a través de dispositivos móviles y redes sociales.

Pensadores como Nicholas Carr o Raffaele Simone viven el avance de las nuevas tecnologías, formatos textuales y actores mediáticos como una invasión bárbara. Para estos intelectuales se trata casi del fin de una civilización construida a golpes de celulosa impresa con caracteres móviles de plomo. Alessandro Baricco[7], en cambio, reivindica esta invasión en su libro Los bárbaros (2008). Como escribe Baricco, “los bárbaros llegan de todas partes. Y esto es algo que nos confunde un poco, porque no podemos aprehender la unidad del asunto, una imagen coherente de la invasión en su globalidad. (…) Vemos los saqueos, pero no conseguimos ver la invasión. Ni, en consecuencia, comprenderla”.

El Eco más apocalíptico

Los teléfonos móviles, los libros de papel, las redes sociales, la política en Italia o el 11-M en España son algunos de los asuntos que abordó Umberto Eco, fallecido en febrero pasado, en sus artículos de prensa. La semana que viene la editorial Lumen publica una amplia recopilación de esos textos con el título De la estupidez a la locura. Cómo vivir en un mundo sin rumbo, traducido por Helena Lozano Miralles y Maria Pons Irazazábal. El volumen es un diagnóstico de la sociedad actual y un retrato del Eco más escéptico respecto a las nuevas tecnologías, es decir, del más apocalíptico. Estos fragmento son una muestra.

Inventos. “El anuncio apareció probablemente en Internet pero no sé dónde, porque a mí me llegó por correo electrónico. Se trata de una pseudopropuesta comercial que anuncia una novedad, el Builtin Orderly Organized Knowledge, cuyas siglas conforman el acrónimo BOOK, es decir, libro. Sin hilos, sin batería, sin circuitos eléctricos, sin interruptor ni botón, es compacto y portátil y puede utilizarse incluso estando sentado delante de la chimenea. Está compuesto por una secuencia de hojas numeradas (de papel reciclable), cada una de las cuales contiene miles de bits de información. Estas hojas se mantienen unidas en la secuencia correcta gracias a un elegante estuche llamado encuadernación”.

Progreso. “Hay progresos tecnológicos más allá de los cuales no se puede ir. No se puede inventar una cuchara mecánica cuando la de hace dos mil años sigue funcionando tan bien. Se ha abandonado el Concorde, que hacía el trayecto París-Nueva York en tres horas. No estoy seguro de que hayan hecho bien, pero el progreso también puede significar dar dos pasos atrás, como volver a la energía eólica como alternativa al petróleo y cosas por el estilo. ¡Tendamos al futuro! ¡Atrás a todo vapor!”

Internet. “Existe una forma muy eficaz de aprovechar pedagógicamente los defectos de Internet. Planteen ustedes como ejercicio en clase, trabajo para casa o tesina universitaria el siguiente tema: “Encontrar sobre el argumento X una serie de elaboraciones completamente infundadas que estén a disposición en Internet, y explicar por qué son infundadas”. He aquí una investigación que requiere capacidad crítica y habilidad para comparar fuentes distintas, que ejercitaría a los estudiantes en el arte del discernimiento”.

Comprender, de eso se trata. Si en una época fue la televisión o los cómics, hoy los videojuegos, los dispositivos móviles y los youtubers parecen ser los catalizadores del debate contemporáneo entre apocalípticos e integrados. El fenómeno de Pokémon Go[8] es un buen síntoma de esas discusiones.Los apocalípticos ni siquiera se tomaron el trabajo de salir a cazar su primer Pikachu: sin pensarlo un minuto, ridiculizaron a los jugadores y se mofaron de esa nueva forma de entretenimiento. Los integrados, por su parte, reivindicaron la vida al aire libre promovida por este videojuego sin ir mucho más allá. En el fondo, no resulta tan complicado buscar una posición superadora que, como dice Baricco, permita comprender algo de lo que está pasando. Sin caer en el apocalipticismo ni en la mirada festiva, podría decirse que Pokémon Go ha sido la primera experiencia global, masiva y colaborativa de uso de la realidad aumentada y la geolocalización. El inesperado éxito de este videojuego abre perspectivas hoy inimaginables no solo en el campo del entretenimiento. La realidad aumentada puede terminar transformando sectores tan distantes entre sí como la medicina, la educación, el turismo o la arquitectura. Si los jóvenes de la sociedad industrial se entrenaban con el Meccano, hoy se preparan para el trabajo colaborativo en red cazando pokémones o jugando en línea al Counter-Strike.

Lo mismo podría decirse de los youtubers, otro fenómeno contemporáneo que levanta pasiones entre los apocalípticos y excita a los integrados expertos en marketing para adolescentes. Más allá de estas miradas contrapuestas, las cuales siempre terminan por neutralizarse entre sí, hay que decir que los youtubers han sabido construir espacios mediáticos de diversión, aprendizaje e intercambio para un público al cual los medios tradicionales solo le ofrecen dibujitos animados y comedias con risas enlatadas.

Comprender, de eso se trata

El debate entre apocalípticos e integrados suele durar menos que un vídeo de El Rubius[10]. Apenas aparece algo nuevo, las pasiones se olvidan rápidamente del viejo medio y se concentran en la nueva especie mediática. El viejo medio se naturaliza, deja de ser considerado una tecnología invasora y termina siendo aceptado con sus ventajas y complicaciones. Es como si apocalípticos e integrados se aburrieran rápidamente y buscaran un nuevo objeto donde descargar sus pasiones. Hoy nadie se inmola a favor o en contra del cómic o la televisión, dos medios sospechosos cuando Umberto Eco escribió Apocalípticos e integrados. En este contexto no debería sorprendernos que un día recordemos con nostalgia, y de manera desapasionada, ese caluroso verano de 2016 cuando nos pasamos las tardes cazando Pikachus sabiamente aconsejados por los vídeos de El Rubius.

Tags: ecolog��a de los medios, eco, scolari
October 08, 2016 at 07:01PM
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Umberto Eco: De Picasso a Pikachu | Babelia | EL PA��S

Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la ��poca de la ligereza en que vivimos” – Grupo Milenio

Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la ��poca de la ligereza en que vivimos” – Grupo Milenio

Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la época de la ligereza en que vivimos”

06:23por Héctor González

“Mis libros no son para denunciar al mundo, sino para comprenderlo”, advierte Gilles Lipovetsky (Francia, 1944). El filósofo se ha ocupado desde hace varios años de intentar entender el presente desde la cotidianeidad y la cultura popular. Sus títulos La era del vacío, El imperio de lo efímero o La felicidad paradójica, parten de aproximaciones a la moda, los medios de comunicación y la tecnología.

Su obra más reciente, De la ligereza (Anagrama), no es la excepción. El también sociólogo afirma que vivimos en la época de la ligereza. Sin caer en los extremos de si esto es malo o bueno, asegura que “antropológicamente es necesario”, a pesar incluso de las paradojas que esto conlleva.

Vivimos en la época de la ligereza o de lo ‘light’, sostiene. Empecemos por ahí. ¿Lleva una vida baja en calorías?

La verdad es que no. Me interesan poco los productos light, pero eso no me limita para analizar el fenómeno. No se trata de satanizar el término. No me interesa juzgar sino comprender. Mi consumismo va por el lado de los libros. Ahora que viajé a México, en lugar de pasar al Duty Free escribí un párrafo de mi próximo libro.

¿Por qué plantea que la ligereza es una necesidad sociológica de nuestra época?

No solo sociológica, también antropológica. Desde que hay pensadores la ligereza ha sido criticada. Sin embargo, no podemos imaginar la vida humana sin ella. Todas las sociedades están constituidas por momentos ligeros, para eso están las fiestas, los placeres. ¿Cómo vivir sin esto? Lo ligero no es cualquier cosa. Por eso sostengo que es una necesidad antropológica. Imagínese vivir sin el gozo o sin reír, es posible pero extraño. La vida es pesada, difícil, hay problemas y tristeza, pero necesitamos respirar. Es un error despreciar el término “ligero”. En la mitología el hombre siempre ha soñado con volar. La aspiración a elevarse ha estado en los chinos, en Da Vinci, y para elevarse hay que ser ligero.

El problema es cuando se confunde la ligereza con la frivolidad.

Sí. Su grabadora es ligera pero no frívola. En nuestro mundo se combinan ambos conceptos con facilidad. La tendencia en diseño y tecnología es reducir la materia y hacer objetos pequeños, como los smartphones; es probable que en el futuro tengamos periódicos en papel virtual. Al mismo tiempo, el capitalismo ha creado una cultura de distracción, seducción y frivolidad. No podemos confundirlos. Es interesante descubrir que el concepto de frivolidad puede englobar por igual a los objetos, la cultura de masas, los deportes ligeros, etcétera.

En su ensayo dedica un espacio a las relaciones humanas. Hablando en estos términos, ¿qué está pasando?

Es complicado, por un lado las relaciones humanas son más ligeras. Ya no las controlan instituciones como la familia o la Iglesia. Existe el divorcio y las mujeres pueden usar anticonceptivos. Antes era terrible para las chicas con una vida sexual activa previa al matrimonio. La civilización de lo ligero y el consumismo ha destruido todo eso. Dentro de su vida privada la gente vive de manera más liviana porque no hay contratos y puedes actuar como quieras. En contraste los sentimientos no son ligeros: los problemas de pareja nos abruman igual que siempre. Hoy es más fácil ligar por internet y hay libertinaje sexual, pero a la hora de una relación afectiva, la ligereza no existe. Los celos son pesados y la gente necesita amor. No es una cuestión individualista, es condición humana. Si lees a Houellebecq, que no es mi escritor favorito, encuentras pesimismo puro. Habla de cómo la gente busca amor y no lo encuentra, lo cual genera soledad y la soledad es pesada. A pesar de vivir en la civilización de lo ligero, las relaciones interpersonales siguen siendo complejas, densas y con horribles conflictos. Si te metes a un sitio de ligue por internet puedes ir de cita en cita, pero es probable que vayas de decepción en decepción. Puedes salir con 10 chicas a la vez y quizá al principio estés eufórico pero después vendrá el problema. La paradoja es compleja. Si una mujer se obsesiona con su físico, la cultura de lo light se vuelve abrumadora. Es decir, en el fondo nuestra vida interior no se ha aligerado.

Usted ha escrito que estamos enfermos de lo efímero…

Es verdad. La idea de El imperio de lo efímero es que el nuevo estatus del arte tiene la fuerza de la moda en las economistas capitalistas; y la moda está en todo lo que abarca el consumismo. En el diseño podemos encontrar muchas cosas, incluso su estatus ha cambiado tras la sombra del Bauhaus, hoy tenemos el minimalismo, lo kitch o lo vintage. Estamos en una situación de mezcla de estilos donde todo es posible. Hoy la moda es una parte central de la lógica capitalista.

¿Qué tan ajena es al trabajo intelectual esta pretensión de ligereza?

Como ya dije, no me interesa satanizar a la cultura de la ligereza porque, contrario a lo que muchos creen, nos ha dado muchas cosas, por ejemplo paz civil. Vivimos en sociedades menos violentas, tenemos más opciones para comunicarnos sin sufrir físicamente. Por otro lado, tampoco podemos llegar al extremo de generalizar, porque la sociedad y la vida humana exigen el esfuerzo. No es posible buscar todo el tiempo el placer, es necesario aprender y trabajar. Por eso necesitamos proponer a las nuevas generaciones otro tipo de ideales no siempre divertidos. Los juegos de video o las redes sociales no son todo, es una cuestión de encontrar la proporción adecuada. Hoy los jóvenes son adictos a los smartphone. No hay que ser reaccionario, pero necesitamos proponer cosas que exijan una visión y un fin que vaya más allá del consumismo. El hombre es un consumidor, pero no es solo eso. Necesitamos equilibrar las parcelas. Atrás de la civilización de la ligereza hay mucho trabajo, esto no cambia. Los objetos incorporan intelecto, ciencia, etcétera, no son cosas nada sencillas. La ligereza no puede ser el fin, el fin debe ser una sociedad más humana, solidaria y creativa, y para eso hay que trabajar.

Dentro de la dinámica de la civilización de la ligereza, usted afirma que las democracias han pacificado sociedades. ¿Cómo explicar entonces los ataques en Francia, las enormes migraciones, etcétera?

El gran problema de hoy es el terrorismo, no es ligero para nada, aunque está ligado a ello. Muchos yihadistas son jóvenes, tienen entre 20 y 30 años, y nacieron en Europa. El mundo de la ligereza ha creado el horror. Es difícil de explicar porque ha pulverizado todos los campos institucionales y ha creado un caos interior. Para ciertos individuos, el terrorismo es una forma de reconstruirse y obtener un poco de dignidad a partir de lo sagrado. Las minorías están encontrando nuevos parámetros por muy loco que parezca. Los fanáticos se hacen mártires porque buscan experiencias intensas que la vida cotidiana no les da. Se sirven de la autonomía para liberarse, incluso de sus familias. En este sentido, el Islam les aporta verdad y la posibilidad de sentir algo real. El terrorismo contemporáneo es la parte trágica de la ligereza, es su opuesto. Unos buscan llenar sus necesidades con dinero, otros con arte, y otros por medio de la violencia y el terrorismo. Me temo que esto seguirá porque la sociedad de lo ligero ha desmontado los elementos colectivos. No veo cómo resolveremos este problema en el futuro. Debemos aprender que esto no es una simple cuestión de manipulación, sino que es consecuencia de nuestra época. Insisto, no pretendo satanizarla, pero hay que entender que produce cosas buenas y otras terribles.

Ya dijo que Houellebecq no le interesa demasiado, pero su novela ‘Sumisión’ resultó casi premonitoria en este sentido.

No comparto su visión pesimista. Creo que la sociedad liberal es más sólida. Tengo miedo de ciertas cosas pero no somos descerebrados. No creo que el terrorismo destruya la democracia. El mundo ha cambiado, las medidas de seguridad o vigilancia son más extremas, pero tampoco veo la posibilidad, como asegura Houellebecq, de que el miedo sea la condición para aceptar el dictado del islamismo. Hay muchas interrogantes. No sabemos si veremos una debacle migratoria. La civilización de lo ligero se ha situado en un contexto global bastante pesado, es una gran paradoja. El rock o el Facebook cohabitan con el terrorismo. La diversión es una condición necesaria y propia del capitalismo, así que seguramente ambos polos aprenderán a cohabitar.

Tags: lipovestsky
September 08, 2016 at 11:48PM
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Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la ��poca de la ligereza en que vivimos” – Grupo Milenio