Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la ��poca de la ligereza en que vivimos” – Grupo Milenio

Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la ��poca de la ligereza en que vivimos” – Grupo Milenio

Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la época de la ligereza en que vivimos”

06:23por Héctor González

“Mis libros no son para denunciar al mundo, sino para comprenderlo”, advierte Gilles Lipovetsky (Francia, 1944). El filósofo se ha ocupado desde hace varios años de intentar entender el presente desde la cotidianeidad y la cultura popular. Sus títulos La era del vacío, El imperio de lo efímero o La felicidad paradójica, parten de aproximaciones a la moda, los medios de comunicación y la tecnología.

Su obra más reciente, De la ligereza (Anagrama), no es la excepción. El también sociólogo afirma que vivimos en la época de la ligereza. Sin caer en los extremos de si esto es malo o bueno, asegura que “antropológicamente es necesario”, a pesar incluso de las paradojas que esto conlleva.

Vivimos en la época de la ligereza o de lo ‘light’, sostiene. Empecemos por ahí. ¿Lleva una vida baja en calorías?

La verdad es que no. Me interesan poco los productos light, pero eso no me limita para analizar el fenómeno. No se trata de satanizar el término. No me interesa juzgar sino comprender. Mi consumismo va por el lado de los libros. Ahora que viajé a México, en lugar de pasar al Duty Free escribí un párrafo de mi próximo libro.

¿Por qué plantea que la ligereza es una necesidad sociológica de nuestra época?

No solo sociológica, también antropológica. Desde que hay pensadores la ligereza ha sido criticada. Sin embargo, no podemos imaginar la vida humana sin ella. Todas las sociedades están constituidas por momentos ligeros, para eso están las fiestas, los placeres. ¿Cómo vivir sin esto? Lo ligero no es cualquier cosa. Por eso sostengo que es una necesidad antropológica. Imagínese vivir sin el gozo o sin reír, es posible pero extraño. La vida es pesada, difícil, hay problemas y tristeza, pero necesitamos respirar. Es un error despreciar el término “ligero”. En la mitología el hombre siempre ha soñado con volar. La aspiración a elevarse ha estado en los chinos, en Da Vinci, y para elevarse hay que ser ligero.

El problema es cuando se confunde la ligereza con la frivolidad.

Sí. Su grabadora es ligera pero no frívola. En nuestro mundo se combinan ambos conceptos con facilidad. La tendencia en diseño y tecnología es reducir la materia y hacer objetos pequeños, como los smartphones; es probable que en el futuro tengamos periódicos en papel virtual. Al mismo tiempo, el capitalismo ha creado una cultura de distracción, seducción y frivolidad. No podemos confundirlos. Es interesante descubrir que el concepto de frivolidad puede englobar por igual a los objetos, la cultura de masas, los deportes ligeros, etcétera.

En su ensayo dedica un espacio a las relaciones humanas. Hablando en estos términos, ¿qué está pasando?

Es complicado, por un lado las relaciones humanas son más ligeras. Ya no las controlan instituciones como la familia o la Iglesia. Existe el divorcio y las mujeres pueden usar anticonceptivos. Antes era terrible para las chicas con una vida sexual activa previa al matrimonio. La civilización de lo ligero y el consumismo ha destruido todo eso. Dentro de su vida privada la gente vive de manera más liviana porque no hay contratos y puedes actuar como quieras. En contraste los sentimientos no son ligeros: los problemas de pareja nos abruman igual que siempre. Hoy es más fácil ligar por internet y hay libertinaje sexual, pero a la hora de una relación afectiva, la ligereza no existe. Los celos son pesados y la gente necesita amor. No es una cuestión individualista, es condición humana. Si lees a Houellebecq, que no es mi escritor favorito, encuentras pesimismo puro. Habla de cómo la gente busca amor y no lo encuentra, lo cual genera soledad y la soledad es pesada. A pesar de vivir en la civilización de lo ligero, las relaciones interpersonales siguen siendo complejas, densas y con horribles conflictos. Si te metes a un sitio de ligue por internet puedes ir de cita en cita, pero es probable que vayas de decepción en decepción. Puedes salir con 10 chicas a la vez y quizá al principio estés eufórico pero después vendrá el problema. La paradoja es compleja. Si una mujer se obsesiona con su físico, la cultura de lo light se vuelve abrumadora. Es decir, en el fondo nuestra vida interior no se ha aligerado.

Usted ha escrito que estamos enfermos de lo efímero…

Es verdad. La idea de El imperio de lo efímero es que el nuevo estatus del arte tiene la fuerza de la moda en las economistas capitalistas; y la moda está en todo lo que abarca el consumismo. En el diseño podemos encontrar muchas cosas, incluso su estatus ha cambiado tras la sombra del Bauhaus, hoy tenemos el minimalismo, lo kitch o lo vintage. Estamos en una situación de mezcla de estilos donde todo es posible. Hoy la moda es una parte central de la lógica capitalista.

¿Qué tan ajena es al trabajo intelectual esta pretensión de ligereza?

Como ya dije, no me interesa satanizar a la cultura de la ligereza porque, contrario a lo que muchos creen, nos ha dado muchas cosas, por ejemplo paz civil. Vivimos en sociedades menos violentas, tenemos más opciones para comunicarnos sin sufrir físicamente. Por otro lado, tampoco podemos llegar al extremo de generalizar, porque la sociedad y la vida humana exigen el esfuerzo. No es posible buscar todo el tiempo el placer, es necesario aprender y trabajar. Por eso necesitamos proponer a las nuevas generaciones otro tipo de ideales no siempre divertidos. Los juegos de video o las redes sociales no son todo, es una cuestión de encontrar la proporción adecuada. Hoy los jóvenes son adictos a los smartphone. No hay que ser reaccionario, pero necesitamos proponer cosas que exijan una visión y un fin que vaya más allá del consumismo. El hombre es un consumidor, pero no es solo eso. Necesitamos equilibrar las parcelas. Atrás de la civilización de la ligereza hay mucho trabajo, esto no cambia. Los objetos incorporan intelecto, ciencia, etcétera, no son cosas nada sencillas. La ligereza no puede ser el fin, el fin debe ser una sociedad más humana, solidaria y creativa, y para eso hay que trabajar.

Dentro de la dinámica de la civilización de la ligereza, usted afirma que las democracias han pacificado sociedades. ¿Cómo explicar entonces los ataques en Francia, las enormes migraciones, etcétera?

El gran problema de hoy es el terrorismo, no es ligero para nada, aunque está ligado a ello. Muchos yihadistas son jóvenes, tienen entre 20 y 30 años, y nacieron en Europa. El mundo de la ligereza ha creado el horror. Es difícil de explicar porque ha pulverizado todos los campos institucionales y ha creado un caos interior. Para ciertos individuos, el terrorismo es una forma de reconstruirse y obtener un poco de dignidad a partir de lo sagrado. Las minorías están encontrando nuevos parámetros por muy loco que parezca. Los fanáticos se hacen mártires porque buscan experiencias intensas que la vida cotidiana no les da. Se sirven de la autonomía para liberarse, incluso de sus familias. En este sentido, el Islam les aporta verdad y la posibilidad de sentir algo real. El terrorismo contemporáneo es la parte trágica de la ligereza, es su opuesto. Unos buscan llenar sus necesidades con dinero, otros con arte, y otros por medio de la violencia y el terrorismo. Me temo que esto seguirá porque la sociedad de lo ligero ha desmontado los elementos colectivos. No veo cómo resolveremos este problema en el futuro. Debemos aprender que esto no es una simple cuestión de manipulación, sino que es consecuencia de nuestra época. Insisto, no pretendo satanizarla, pero hay que entender que produce cosas buenas y otras terribles.

Ya dijo que Houellebecq no le interesa demasiado, pero su novela ‘Sumisión’ resultó casi premonitoria en este sentido.

No comparto su visión pesimista. Creo que la sociedad liberal es más sólida. Tengo miedo de ciertas cosas pero no somos descerebrados. No creo que el terrorismo destruya la democracia. El mundo ha cambiado, las medidas de seguridad o vigilancia son más extremas, pero tampoco veo la posibilidad, como asegura Houellebecq, de que el miedo sea la condición para aceptar el dictado del islamismo. Hay muchas interrogantes. No sabemos si veremos una debacle migratoria. La civilización de lo ligero se ha situado en un contexto global bastante pesado, es una gran paradoja. El rock o el Facebook cohabitan con el terrorismo. La diversión es una condición necesaria y propia del capitalismo, así que seguramente ambos polos aprenderán a cohabitar.

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September 08, 2016 at 11:48PM
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Gilles Lipovetsky: “No hay que satanizar la ��poca de la ligereza en que vivimos” – Grupo Milenio

Los argentinos prefieren dejar de comer carne y de usar el auto a dar de baja Internet – 05.09.2016 – LA NACION

Los argentinos prefieren dejar de comer carne y de usar el auto a dar de baja Internet – 05.09.2016 – LA NACION

Los argentinos prefieren dejar de comer carne y de usar el auto a dar de baja Internet

Según una encuesta realizada en nuestro país, el 42% asegura que no quiere dar de baja esta prestación cuando llega el momento de hacer recortes por razones de ahorro

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Cintia Perazo

PARA LA NACION

Lunes 05 de septiembre de 2016 •
00:18

“Uno de los resultados que más nos llamó la atención es que los argentinos dicen que les costaría más abandonar Internet que dejar de consumir carne o dejar de usar su auto”, destaca Norberto Marinelli, CEO de CertiSur, en referencia al “Estudio sobre Seguridad en Internet: la visión de los usuarios, estado de situación 2016”, que llevó adelante D’Alessio IROL para CertiSur. Efectivamente frente a la pregunta: ¿Cuáles son los consumos que más le dolería dejar? (que permitía dar respuestas múltiples), el 42% de los encuestados eligió Internet, dejando en segundo lugar al “consumo de carne en forma habitual” con el 35% y, en tercer puesto con el 31%, a la opción “utilizar su automóvil o tener que venderlo”.

“Que el 42% de los encuestados ubique a Internet como el consumo que más le costaría dejar por razones de ahorro coincide con las nuevas conductas que comienzan a tener los argentinos, quienes buscan precios más económicos y quieren realizar transacciones con mayor seguridad. ¿Por qué? Porque comparar precios es mucho más fácil de hacer en forma on line, y, en el punto de seguridad, Internet facilita comprar y pagar sin salir de la casa o del lugar de trabajo”, explica Nora D’Alessio, de la consultora D’Alessio/IROL.

Actualmente el 73% de la población argentina mayor de 8 años está conectada, y el 40% de la población de hasta 34 años se conecta a Internet a través del celular, según esta investigación.

Foto: AFP

Asimismo, el informe observa algo que ya vivimos a diario: Internet está naturalizada en nuestra sociedad e interviene en cada vez más aspectos de nuestra vida cotidiana. “Estar online las 24 horas es una tendencia que sigue en aumento a través de los smartphones. Al mismo tiempo notamos que sigue acortándose la brecha generacional en la medida en que, junto con el crecimiento de las redes sociales, se afianzan nuevas formas de compartir la vida personal y las opiniones con familiares o amigos”, dice el estudio.

El crecimiento del comercio electrónico es otro aspecto analizado. Según el resumen del estudio, el e-commerce estaría próximo a su techo en cantidad de usuarios pero podría crecen en cantidad de transacciones por usuarios, variedad de rubros, artículos y servicios que se contratan. “Desearíamos que no se encuentre en el techo y aunque creemos que tiene espacio para crecer, tenemos que atenernos a los números. La realidad indica que su crecimiento se ha basado, en el último año, en el incremento de personas que acceden a la Web. Sólo aumentó en 1 millón el número de personas que compraron este año, prácticamente la misma cantidad de nuevos usuarios”, asegura D’Alessio.

Pero el CEO de CertiSur se muestra más optimista: “A pesar de estos resultados creemos que este techo podría superarse si cambian algunas de estas condiciones, por ejemplo, el estudio arroja que la mayor barrera siguen siendo los prejuicios en materia de seguridad. Creemos que hay que empezar a informar al usuario y darle las herramientas para que se sienta seguro cuando compra en forma online”.

Seguridad vs prejuicio

Justamente la percepción que los usuarios tienen sobre la seguridad de Internet es otro de los grandes factores analizados. “La barrera que encontramos para el avance del e-commerce y las transacciones en e-banking son los prejuicios sobre fraudes y problemas en el manejo vía Web, pero la realidad es muy distinta. El promedio de calificación de la seguridad en las compras online, por parte de quienes tuvieron esa experiencia este año, es de 8,5 puntos. Sin embargo el 92% de los encuestados demuestra algún nivel de temor, alimentado por prejuicios, ya que sólo la mitad de estos mismos usuarios indican que han tenido personalmente, o ‘han escuchado’ que otros mencionan haber tenido una mala experiencia”, dice la consultora.

Allí radica un aspecto muy importante para el despegue de las ventas online. “La posibilidad de atraer mayor número de usuarios que transaccionen en la red está relacionada con la certeza que se les brinde sobre mayor seguridad, con un lenguaje claro y al alcance de quienes no son especialistas en IT”, señala D’Alessio. Los números de la encuesta respaldan esta afirmación: el 57% de personas que hoy no compran online podrían animarse si tuvieran conocimiento de las medidas de seguridad que tienen las compañías y sus páginas. Y el 95% de los encuestados que ya compran aseguraron que lo harían con mayor frecuencia o involucrando montos superiores si conocieran esas medidas de seguridad. “Es decir, los usuarios manifiestan que la principal barrera para realizar transacciones online es la desconfianza en los niveles de seguridad, pero a la vez muy pocos han tenido malas experiencias, o conocen a alguien que las haya tenido”, resume Marinelli.

Para el CEO de CertiSur el sector que mueve dinero a través de Internet tiene condiciones de seguridad razonables, acorde con las amenazas que recibe. Pero también considera que en el comercio electrónico conviven las empresas con una fuerte comprensión del tema seguridad, que adoptan las medidas necesarias como para preservar la integridad de los datos que intercambian con sus clientes; con emprendimientos de menor visibilidad que concentran sus esfuerzos económicos en aumentar su presencia en la Web y no tienen a la seguridad como un foco necesario dentro de su negocio online. También menciona que existen sitios no transaccionales que no presentan una clara decisión de proteger la integridad de los contenidos que publican. “Muchas páginas intercambian información sensible de sus visitantes y no comprenden que, a pesar de no ser información financiera, los datos personales también deben ser protegidos adecuadamente”, explica.

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September 05, 2016 at 12:39PM
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Los argentinos prefieren dejar de comer carne y de usar el auto a dar de baja Internet – 05.09.2016 – LA NACION

Medios para los millenials – Revista Fibra

Medios para los millenials – Revista Fibra

Medios para los millenials

Desafíos y estrategias para un nuevo periodismo digital.

Por Agustina Guido.

La nueva generación de “nativos digitales” exige a los medios de comunicación redefinir las bases de las estrategias del periodismo digital y, en consecuencia, repensar su alcance efectivo.

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¿Quiénes son los millennials?

Según diferentes investigaciones, la generación “millennial” comprende a los jóvenes nacidos entre 1981 y 1995, de entre 20 y 35 años que se hicieron adultos con el cambio de milenio. Pero los millennials son algo más que una franja etárea (o el producto de ella): están definidos por una serie de consumos culturales y, fundamentalmente, por una nueva forma de acceso a esos consumos.

Para los jóvenes millennials los dispositivos digitales se presentan como la puerta de entrada principal al mundo: a través de su teléfono, tablet o notebook trabajan, se relacionan, se entretienen y se informan de manera constante.

Una visión antigua podría decir que los millennials son “adictos al celular” o que “sienten a la tecnología como parte de su cuerpo”. La realidad es que los dispositivos digitales a través de los cuales consumen información, realizan trámites, trabajan, adquieren productos o miran una película no son una anomalía o una adicción. Son el mundo en el que habitan y una necesidad para habitarlo, a la vez. Que el 91% de los jóvenes considere imprescindible llevar su teléfono inteligente a diario, según una encuesta publicada en 2015 por Expansión, no habla de un grupo de personas consumiendo tecnologías por gusto. Son parte de la vida cotidiana y de la forma de acceso a productos culturales.

Este fenómeno de transformación en el acceso al consumo trae aparejados ciertos cambios necesarios que obligan a repensar el negocio del entretenimiento, el mercado laboral, la comunicación y la información, entre otros. No se trata de cualquier transformación, sino de una profunda que tome en cuenta el nacimiento de un nuevo tipo de espectador. Una transformación capaz de poner en cuestión sus propias condiciones de producción. Hay una nueva realidad sobre la que tomar una decisión: adaptarse o correr el riesgo de perder una gran parte de la audiencia.

Las nuevas tecnologías “eliminaron”, por ejemplo, el contacto en persona entre vendedor y cliente. Los fríos números de las encuestas de consumo también lo dicen, pero basta el experimento de observar la franja etárea en el supermercado para notar que hay una generación que “no está”. Una franja etárea que paulatinamente se va mudando hacia las compras online y que extiende esa práctica a todos los ámbitos donde le sea posible.

Es así como se hace necesaria una transformación hacia las estructuras de los medios de comunicación, sus plataformas y, específicamente, sus formas de comunicar. Una transformación que redefina esos espacios de acuerdo a los nuevos tiempos, demandas y necesidades de una nueva realidad.

Las redes sociales como divulgadores de noticias en la era millennial

Si bien los portales de noticias en internet siguen teniendo vigencia al momento de informar, la nueva generación provocó la aparición de nuevas maneras de contar las noticias, ya sea en formato gráfico o audiovisual. Tomando en cuenta las formas de consumo de otros productos distintos a la información, los nuevos formatos se adaptan al contenido visualmente atractivo y corto, por ejemplo, en las redes sociales oficiales de los grandes medios de comunicación. El post en Facebook de un diario ya no sólo informa: invita al usuario a dar su opinión, a compartir o a expresar su desagrado. Las fotos del día en Instagram, los puntos claves de algunas noticias en Twitter son sólo ejemplos de una evolución que va más allá de las plataformas.

Las redes sociales también sufrieron su mutación. Si al principio se presentaban como redes de interacción “entre pares”, al poco tiempo también fueron moldeadas por el ingreso de los medios tradicionales clásicos para convertirse también en una fuente de información, al punto tal de ser hoy el principal “medio” que eligen los millennials para informarse. Los medios responden a este nuevo incentivo y hoy resultaría extraño que algún medio de comunicación no esté presente en redes sociales. Sería una forma de no existir para una audiencia cada vez más grande. Sin embargo, no alcanza simplemente con “estar”. Los experimentos que todos los días se ven probar y caer dan cuenta de ello. Para poder subsistir ante este nuevo público, los medios de comunicación están obligados a aceptar el desafío de adaptar sus contenidos a estos nuevos canales.

Según la publicación de 2015 de la asociación GSMA, “Impacto del ecosistema móvil: perspectivas y oportunidades”, Argentina lidera la lista de países del mundo en el uso las redes sociales, con 4,3 horas diarias de uso, casi el doble del promedio global. Además, según el mismo estudio, hay que tener en cuenta que, como consecuencia del aumento en la adopción de internet móvil, el consumo de contenidos a través de teléfonos móviles es cada vez mayor. Y hablar de contenidos que se consumen a través del teléfono celular es hablar, necesariamente, de redes sociales. Cerca del 60% de la población tiene cuentas activas y el acceso a 20 millones de esas cuentas se realiza a través de teléfonos móviles. Entre las más elegidas por los millennials están Facebook, YouTube, Instagram, Twitter y la flamante Snapchat.


Fuente: GSMA.

Fuente: GSMA.

Los medios de comunicación no pueden hacer oídos sordos a estos números. La generación millennial debe convertirse en la principal audiencia objetivo de los medios y para esto resulta necesaria una redefinición en las narrativas del periodismo digital acorde a las características de este público.

Hacia un periodismo digital renovado

El periodismo digital, tan reciente y tradicional a la vez, no queda exento al momento de repensar sus objetivos primordiales acorde a esta nueva generación de nativos digitales. Esto supone cuestionar sus cimientos: los tiempos de planificación periodística, los formatos, los mensajes y canales, el lenguaje y la narrativa son todos valores permeables a entrar en crisis frente a un nuevo consumidor versátil, cambiante e impaciente. No por ninguna característica genética particular sino, básicamente, por las condiciones sociales de consumo: los millennials no son “más dispersos” porque los anteriores consumidores eran más atentos. En todo caso, están frente a mucha mayor cantidad de estímulos que los que tenía una persona en los años 50. Es un público de atención dispersa, principalmente, porque puede.

La competencia que ofrece el hecho de estar permanentemente conectado a un dispositivo digital exige actualizar información minuto a minuto. Es una necesidad fruto de la otra característica de este nuevo público: la exigencia. El solo hecho de no encontrar en un medio una noticia que ya compartieron otros puede llevarlos a dejar de consumir esa fuente. Eso provoca una serie de transformaciones, la más importante: los periodistas deben acortar los tiempos de planificación, producción y edición de contenidos, para estar a la altura de estos requerimientos si quieren seguir atrayendo y manteniendo ese público.

En cuanto a los formatos de las noticias, el periodismo digital de la “era millennial” se encuentra obligado a incorporar las nuevas estéticas y narrativas que formatean las redes sociales, principales divulgadores de información para los cibernautas. La red social no es una plataforma inerte sobre la que el usuario actúa sino, por el contrario, un medio que también incide en el mensaje. Para citar un ejemplo, al compartir una entrevista en los medios, un equipo de producción que tenga como objetivo alcanzar este público buscará que la misma siga una estética más “youtuber, es decir, planos muy nítidos y cercanos a los rostros, tomas desordenadas e imágenes descontracturadas. Además, el espectador tendrá la posibilidad de ver la entrevista entera o desagregada por pregunta, opción práctica que acorta considerablemente el tiempo empleado por la audiencia. Los jóvenes millennials quieren la información desagregada para consumirla y editarla de acuerdo a su gusto, poniendo al periodismo en el desafío de lograr algo así como un periodismo on demand.

La misma minuciosidad en la producción de la información acorde a este nuevo segmento de cibernautas se ve reflejada en los posteos que comparten los medios en redes como Facebook y Twitter. En cuanto a la longitud de una noticia, este segmento de la población busca información cruda y rápida, obligando al periodismo a reducir la extensión de lo que quiere decir sin perder lo central del mensaje. Eso que puede parecer un inconveniente puede transformarse, en verdad, en un desafío.

El lenguaje utilizado por este nuevo periodismo es el lenguaje que marcan las redes sociales. Hay que tener en cuenta que el lenguaje evoluciona constantemente debido a las variaciones que la sociedad manifiesta, y el impacto de las redes sociales hace aún más notorio ese cambio. Contracciones en las palabras, abreviaturas, hashtags e interpelaciones informales directas a la audiencia son algunas de las características del lenguaje de las redes. El periodismo digital puede dedicarse a interpretarlo y usarlo en beneficio propio o resignarse a abandonar esa audiencia.

La primacía del instante

Con una estética definida por fotos al estilo instantáneas Polaroid y una diversidad de filtros para adornarlas, la red social Instagram, una de las más utilizadas por esta generación, tiene la capacidad de que sus usuarios cuenten historias a través de las imágenes. La comunicación visual que se da a través de las fotos resulta muy significativa para los millennials y sigue la lógica de emplear menos tiempo al momento de actualizarse. Mientras que el tiempo de lectura media de una noticia en un portal es de tres minutos, en Instagram los jóvenes ya están actualizados con sólo ver una foto y su epígrafe durante unos segundos. Es por eso que los medios de comunicación que quieran alcanzar a este público deben contar con una imagen lo que antes les llevaba mil palabras.

Snapchat, una de las aplicaciones más novedosas que en Argentina todavía se encuentra en su fase exploratoria, también comenzó a pisar fuerte como estrategia narrativa de los medios y de las personalidades públicas. La característica más atrayente de esta simple aplicación es que lleva la lógica millennial a su extremo: la instantaneidad se hace realidad en esta plataforma ya que las historias que se comparten en ese espacio a través de fotos y videos desaparecen al cabo de segundos. Es decir, esta aplicación sería la más parecida a la “vida misma” ya que, al igual que en la vida, las historias y acciones pasan, sin tener la opción de retroceder. Es una red social que, al igual que las otras, comenzó con un propósito distinto (era un sistema de mensajería “entre pares”) y que terminó siendo, también hoy, una fuente de información a la que los medios y las personalidades públicas estudian cómo acceder.

¿CM o periodistas?

¿Llegó el fin para los periodistas?, ¿un Community Manager (CM) que distribuye notas e imágenes en las redes sociales con el fin de informar puede reemplazar a un periodista? La respuesta es negativa. A diferencia del CM que administra y distribuye contenidos, el periodista realiza un trabajo de investigación profundo y complejo al momento de construir una información. Eso no quiere decir que el periodista pueda seguir trabajando tal y como lo venía haciendo. Por el contrario, necesita enfrentar el desafío de adaptar su labor a los usos y consumos que la gente hace, en este caso, de las tecnologías de la información y la comunicación con el fin último de parecérsele.

Actualmente, el periodismo digital se encuentra transitando este proceso de renovación. Algunos medios ya introdujeron modificaciones en sus formatos y contenidos y otros se encuentran en un proceso de cambio. La evolución de la tecnología y de las redes vuelve necesario desarrollar una capacidad de adaptación que, con avances y retrocesos, el periodismo siempre ha sabido acompañar. Esta vez parece que el desafío es mayúsculo: implica no sólo tener la voluntad de acompañar ese cambio, sino también la fuerte predisposición a aceptar que ese cambio puede ser, paradójicamente, permanente.

Algunos datos más…

Según la revista Forbes, un 30% de la población de Latinoamérica entra en la categoría “millennial”. El 78% de ellos posee un teléfono móvil, el 37% una tablet, el 70% una notebook y el 57% una computadora de escritorio, según Telefónica Global Millennial Survey 2014[5]. En 2025, según una proyección de la consultora Deloitte, los millennials representarán el 75% de la fuerza laboral del mundo. Estos números reflejan que los millennials no son “una tendencia” o una especie de “tribu urbana”. Principalmente, porque no son un sector sino la siguiente generación, que empieza a moldear la forma y los sentidos de sus consumos culturales.

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September 03, 2016 at 05:56PM
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Medios para los millenials – Revista Fibra

Se��ales: Mart��n Caparr��s: ���Los medios tradicionales est��n en una b��squeda idiota del clic���

Se��ales: Mart��n Caparr��s: ���Los medios tradicionales est��n en una b��squeda idiota del clic���

Martín Caparrós: “Los medios tradicionales están en una búsqueda idiota del clic”

Martín Caparrós sigue presentando su último libro, ‘Lacrónica’. Por estos días pasó por Colombia y habló con la revista Semana y la agencia EFE. Allí dejó algunas reflexiones sobre el periodismo y los medios. Dijo también que busca “contarle a mucha gente lo que no quiere saber”

Lacrónica –así, sin espacio- es un libro autobiográfico de Martín Caparrós en el que reflexiona sobre más de 30 años de labor como cronista. A través de esta obra el argentino permite que el lector viaje por lugares como Birmania, Bolivia, Colombia, Sri Lanka, China, Perú y Rusia. “Son un compilado de mis mejores crónicas”, dice el autor del bigote plateado y los ojos vigilantes.

En sus comentarios sobre la crónica Hong Kong, El Espíritu y el capital, usted dice: “Era tan joven, tan impúdico que podría escribir cosas como ‘los chinos‘, y atribuirles rasgos, condiciones. Lo leo, ahora y la envidia me carcome”. ¿Por qué?
Me parecía que esa facilidad con la que generalizaba y decía “los chinos hacen tal cosa” ya no tengo. Trataría de matizar mucho más el pensamiento. No se pueden hacer generalizaciones como esa. Me daba envidia de esa especie de impulso que me permitía decir o escribir cosas sobre las que ahora reflexionaría mucho más. Pero es una envidia socarrona porque en realidad prefiero reflexionar. Pero siento nostalgia de esa impulsividad.

Usted tiene una mirada muy particular. ¿Aprendió a hacerlo o es algo innato?
No sé cómo aprender a mirar más que ejercitando la mirada. Yo tenía la esperanza de que si podía mirar lo suficiente en lugares lejanos, donde todo merece ser contado, llegaría el día en que podría escribir la crónica más difícil, que es la de la manzana de mi casa. Es decir, contar algo de la cotidianidad donde nada parece digno de ser contado. Pero que si uno sabe mirar lo suficiente va encontrar, incluso, en eso que ve todo el tiempo, algo que merece ser contado. Para mí es un placer mirar, es una sensación de vitalidad, esa necesidad de aprehender para contar.

Claroscuro empieza con la vida de uno de los tantos hombres con discapacidad que se sube a un bus a contar una historia. Antes ya se habían subido otras personas. ¿Qué vio de especial en él?
Me interesó el poema. Pero el elegirlo forma parte de la idea de estar con la actitud de un cazador. A un buen periodista le va mejor si tiene esa actitud que tenían nuestros ancestros de estar atentos a la presa porque si se les escapa no pueden comer. Eso de ir atento por el mundo es lo que te permite encontrar esas cosas que si no, pasarían inadvertidas.

Claroscuro también fue el punto de partida para que en el 2003 en Argentina se reabrieran los casos de los torturadores y los asesinos…
Yo creo que uno debe pensar que lo que hace sirve para algo, para mejorar el mundo en el que vivimos. ¿Para qué voy a trabajar cinco años trabajando sobre el hambre si no pienso que puede ayudar, en alguna medida, aunque sea pequeñísima, a que se mejore la situación que estoy contando?

En el libro uno puede ver que usted se sorprende con el mundo, pero a veces no son buenas sorpresas…
Una vez fui a Haití porque tenía que entrevistar a un presidente y me di cuenta de que me habían robado la cámara con la que hago las fotos de mis crónicas. No tenía dinero, no sabía cómo iba a trabajar, era un domingo en la tarde y hacía un calor insoportable y me preguntaba, como en muchas otras ocasiones: “¿Pero qué estoy haciendo acá?, estaba tan bien en mi casa tomando mate. Qué tontería…” Pero luego se me pasa y nada me gusta más que estar acá. Y estar acá puede ser en cualquier parte, tratando de contar algo.

¿Por qué defiende escribir en primera persona?
Siempre digo que una cosa es escribir en primera persona y otra es escribir sobre la primera persona. El que escribe sobre la primera persona es detestable porque no está haciendo periodismo, porque para hacer periodismo no es importante contar lo que te pasa a ti sino a los otros. Pero me interesa más contarlo en primera persona porque es una actitud más honesta, dejas claro que eso que estás contando es lo que tú ves y que eso es sólo una parte de la realidad.

También defiende escribir con las primeras palabras que uno piensa en vez de buscar sinónimos y eufemismos
En general las primeras palabras en las que uno piensa son las que dicen las cosas de forma más directa. A veces se pueden reemplazar, pero no para demostrar que conoces ocho sinónimos del verbo decir. Primero porque ya no tiene ningún mérito saber sinónimos; si estás en Word haces clic derecho y buscar sinónimos de una palabra y te aparecen. Y por otro lado, los sinónimos no dicen lo mismo. Decir y señalar no son lo mismo y si uno quiere ser más preciso, pues debe cuidar las palabras.

En su libro dice que ahora muchos medios se dedican a hacer periodismo basura. ¿Hay alguno que le parezca que hace bien la tarea?
Hay medios emergentes que ocupan el espacio que los grandes medios dejan desde que han decidido hacer entretenimiento, desde que han decidido convertirse en espectáculo barato con cosas como ‘las chicas más lindas de los olímpicos’ o cosas así. En general son medios digitales aptos para ir ocupando ese espacio que los medios hegemónicos están dejando por su búsqueda idiota del clic. Cuando quise tener un contexto más o menos sólido sobre las conversaciones de paz, donde lo encontré mejor desarrollado fue en La Silla Vacía, por ejemplo.

Están buscando la manera de hacer rentable el periodismo. ¿Usted le ve alguna solución?
Últimamente me sorprende la cantidad de tiempo que los periodistas nos la pasamos discutiendo sobre las empresas periodísticas y los modelos de negocio, y si van a cobrar o no por los contenidos. A mí me importan tres carajos. Yo trabajo en hacer buen periodismo, que los de la empresa se encarguen de monetizar eso.

Usted se describe como alguien que desde siempre fue rebelde. ¿Cree que hace falta que los nuevos periodistas tengan un espíritu más rebelde?
¡Vamos, falta mucha rebeldía! si quieren hacer lo que les gusta. Si vas a ser un oficinista simplemente haciendo y escribiendo lo que dicen los editores para tener clics es una decisión respetable, pero no es lo que me interesó hacer nunca.

Usted que tuvo la oportunidad también de cubrir la guerra y el proceso de paz anterior, ¿qué le dice a aquellos que piensan que con el acuerdo de paz en Colombia se va a acabar el tema para hacer periodismo?
Siempre me incomoda el prestigio que tiene cubrir la violencia entre los periodistas. Por supuesto tiene mucho mérito cubrir la guerra, pero a la vez es fácil. Todo es evidente, visible. Todo lo que veo merece ser contado. Lo difícil es contar la manzana de tu casa, lo cotidiano. Y yo sé que en Colombia hay infinidad de cuestiones aparte de la guerra que vale la pena que sean contadas. Si alguien piensa que el final de la guerra acaba con sus posibilidades de hacer periodismo debería dedicarse a otra cosa.

En una de las crónicas del libro hay una chica que dice que “la guerra es genial”…
Sí, para bastante gente la guerra es genial; para algunos soldados, para los jefes y patrones de soldados muchas veces también lo es. Lo triste sería que también para los periodistas la guerra sea genial.

Periodismo es contarle a mucha gente lo que no quiere saber
Por: Gonzalo Domínguez Loeda
El argentino Martín Caparrós lleva 42 de sus 59 años aplicando política contracíclica al periodismo, redacta crónicas pausadas y en profundidad sobre temas que en muchas ocasiones son incómodos: tiene el objetivo de “contarle a mucha gente lo que no quiere saber”.

“En un tiempo en que buena parte del periodismo se dedica a producir piezas cortas, simplonas, tratando de contentar a un público que desprecia, muchas de las crónicas tratan de hacer todo lo contrario. Son interesantes, están dirigidas a un lector al que uno toma como alguien inteligente”, dijo Caparrós a EFE.

Ahora ha compilado muchas de ellas en “Lacrónica” (Planeta), un recorrido que inicia en 1991 y que resume historias en Bolivia, Perú, Hong Kong o Colombia con un estilo y una perspectiva que le han convertido en un maestro del oficio.

Caparrós continúa en un trabajo que inició en 1974 y desde su experiencia deja dardos y cápsulas de sabiduría a partes iguales: “los medios se sienten amenazados por la televisión y la velocidad de las redes sociales, pero lo que tendrían que hacer no es imitar sus formas, sino insistir en lo que les es propio”.

Ahí es donde considera que tiene un espacio su trabajo, la labor inimitable de un cronista que cruzó la línea de la literatura pero que no ha perdido la esencia de lo informativo.

Tras su icónico bigote no da respiro y continúa con sus saetas: “muchos medios llevan una política suicida porque se están intentando convertir en circos, lugares de entretenimiento bobo”.

Como ejemplo observa los contenidos que se leen en los medios de prestigio que “han caído en la lógica del rating”, lo que “consigue clics” y se sitúa entre los artículos más leídos es lo que buscan perpetuar.

“Ahora con este sistema siniestro en que están atentos a cada clic, y pueden contarlos ven que si publican una pavada sobre una actriz de moda les da clics (…) entonces piensan que la salvación está ahí”, señala Caparrós.

Frente a esa determinación, considera que los medios deben estar en una “posición sólida y firme” que les permita obtener una fiabilidad para que a mediano plazo sigan subsistiendo.

En su opinión, si no retornan a un contenido periodístico de calidad fracasarán puesto que los lectores volverán a “formas de entretenimiento que son más genuinas” y que los diarios no pueden hacer.

Desde su primera crónica, “Un pie congelado doce años atrás”, sobre un pie encontrado en el Aconcagua, Caparrós ha recorrido el mundo buscando historias que contar, relatos narrados en muchas ocasiones.

Su estilo le lleva a no centrarse en el objetivo final y narrar los detalles que rodean y visten una historia.

Así encontró al exdictador Jorge Rafael Videla haciendo deporte por Buenos Aires, se adentró en las selvas de Colombia para encontrarse con la guerrilla de las FARC que hoy vive sus últimas días, o entrevistó a un joven Evo Morales que solo contaba con 31 años.

“La clave, si hay alguna, es mirar muy en serio, creo que no miramos”, afirma el periodista con la confianza del que conoce bien su oficio.

Desde esa mirada despierta observa que el mundo del siglo XXI es el de “una sociedad que se permite vivir con los ojos cerrados”, algo de lo que debe desperezarse un buen periodista para poder sacar adelante su trabajo.

Eso hizo cuando escribió “El Hambre”, otra compilación de crónicas con viajes por India, Kenia, Sudán, Madagascar o Argentina, un tema que “es casi un cliché, es lo que dice Miss Venezuela cuando la van a coronar Miss Mundo: ‘tenemos que acabar con el hambre en el mundo'”, reconoce.

“Todo el mundo cree que sabe todo lo que tiene que saber sobre el (hambre) y me preocupo. Pero con el tiempo me fui dando cuenta de que si uno halla las maneras de cambiar, personas y recontar la cosa dentro de ese contexto, entonces va a haber quien se interese por el asunto”, apostilla.

Sobre los relatos que le han dejado un poso mayor confiesa no tener uno predilecto porque “se renueva”, sin embargo estos días en Bogotá recuerda con mayor cariño cuando se internó en el feudo de las FARC alrededor de San Vicente del Caguán en 1999.

Su llegada estos días a Colombia coincidió con el anuncio del Gobierno y de las FARC de que habían llegado a un acuerdo de paz tras más de medio siglo de conflicto, lo que le despierta la atención para posibles historias y le recuerda al lejano 1999.

¿Y qué le interesa narrar ahora? “El mundo está lleno de historias, estoy pensando en un próximo libro, quiero pensar algún otro tema global que me interesa pero te contaré cuando me decida del todo”, dice el cronista con una sonrisa y la prudencia propia de quien tiene a otro periodista delante.
Foto: Guillermo Torres
Fuente: Agencia EFE

Tags: periodismo
August 29, 2016 at 07:01AM
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Se��ales: Mart��n Caparr��s: ���Los medios tradicionales est��n en una b��squeda idiota del clic���

TELOS – Fundaci��n Tel��fonica – Detalle Art��culo – El placer de navegar

TELOS – Fundaci��n Tel��fonica – Detalle Art��culo – El placer de navegar

El placer de navegar

La tecnología móvil acaba de cumplir 43 años de vida: fue el 3 de abril de 1973 cuando Martin Cooper, a quien se le atribuye su invención, realizó la primera llamada. Diez años después sería lanzada al mercado y desde entonces su adopción ha sido vertiginosa.
Como producto del proceso de digitalización, son numerosas las innovaciones que se han insertado en la vida cotidiana; sin embargo, es la telefonía celular la que ha logrado un proceso de apropiación más pleno, entendiendo por ello la incorporación de un objeto técnico y sus prácticas a la vida de los individuos, produciendo con ello una transformación cultural. Su posibilidad de acceder a aplicaciones y redes, junto con su portabilidad, son las razones por las que el celular alcanzó un mayor número de usuarios y en un lapso breve.

Lo virtual como extensión de lo real

Resulta interesante saber que en la actualidad el uso de este recurso no se concentra en las llamadas telefónicas, sentido único de su desarrollo original. En México, mientras el acceso a Internet aún no llega al 50 por ciento de la población, el 88,6 accede a celulares, pero su uso se ha diversificado: apenas el 12 por ciento lo usa para llamadas, en tanto que el 64 por ciento chatea, el 55 por ciento navega en redes sociales, el 34 por ciento realiza búsquedas en la web, un 18 por ciento reproduce vídeos y el 5 por ciento lo emplea para jugar[1]. En conjunto, estos usos sitúan al placer de navegar como el motor que mueve a los usuarios.

Hay una fruición por la navegación, poco reconocida debido a que socialmente tiene una ponderación negativa: navegar es una pérdida tiempo alejada de la productividad. El hecho de que esto sea parcialmente cierto no niega ese placer. Además, si vemos la historia del uso de los medios de comunicación, no es la primera vez que la fruición es condenada por no ubicarse dentro de la esfera productiva. El ejemplo más claro está en algunos de los estudios sobre recepción televisiva, que pocas veces aceptaron ese placer por estar, simplemente, visionando la tele. Desde esta perspectiva, se buscó ligarla a procesos formativos o educativos, que la alejaban de su sentido hedonista.

La satisfacción personal que los usuarios encontraron primero en la televisión y ahora en la navegación se acentúa cuando hablamos de los grupos juveniles. Los jóvenes, más que nadie, encuentran placer en ese dejarse estar por las redes, prefiriendo lo virtual a lo real. Esto para ellos no representa limitación alguna, ya que no visualizan límite o frontera: existe una continuidad entre los relatos y acciones del ciberespacio con las reales. No hay quiebres, no hay cortes ni discrepancias, existe solo un presente continuo, que les permite pasar sin rupturas de un espacio social a otro.

La mirada de la juventud

A lo largo de tres años y con la participación de cinco universidades públicas de México ubicadas en cuatro ciudades diferentes y distantes, llevamos a cabo un amplio estudio titulado ‘Jóvenes y cultura digital. Nuevos escenarios de interacción social’. Comprendió el desarrollo de once grupos focales, seis grupos de discusión, la aplicación de 3.188 cuestionarios y entrevistas a 39 jóvenes. Este trabajo de campo nos permitió corroborar que la fruición por navegar, incluso entre los llamados jóvenes ‘NiNis’ (que no estudian ni trabajan), supera los preconceptos que existen en las políticas públicas o entre los adultos sobre estas interacciones. Son pocos los jóvenes que se identifican con la defensa de las grandes causas sociales, ya que han atomizado los relatos sustantivos en pequeñas intenciones de uso y en intercambios simbólicos limitados a círculos cercanos de amigos y conocidos.

Aunque la digitalización les ofrece una nueva dimensión espacio-temporal, los jóvenes siguen mirando a sus pares, si es posible cercanos e incluso conocidos. Prefieren un acceso y uso individual de los recursos móviles o de Internet, dejando de lado los compartidos, que se promovieron en países como México durante los primeros años de la búsqueda del acceso universal. Cuando se decantan por este uso personalizado, priorizan inversiones económicas en alguna generación tecnológica que se los facilite (como los smartphones o tabletas) y colocan en lugares secundarios otros gastos significativos. Desde esa posición eligen, preferentemente, los temas vinculados al ocio y el entretenimiento, seguidos por aquellos que pueden considerarse correctos (artísticos, protección de animales o del medio ambiente, algunos derechos incontrovertibles). Lejos quedan las preocupaciones por temas tales como el empleo o las luchas políticas, aunque por su condición de estudiantes (los consultados fueron jóvenes de 17 a 30 años), muchos de ellos hacen un uso educativo puntual para sus tareas escolares.

Los jóvenes que participaron en este trabajo de campo se ubicaron, por lo general, en la medianía de todas las opciones ofrecidas para que identificaran sus propias percepciones. Medianía en sus habilidades digitales, en los procesos de interacción, en sus actividades preponderantes en las redes. Se sienten con poca capacidad para decir algo y también para manejar los recursos de la digitalización, una autopercepción preocupante si se toma en cuenta que muchos de los programas públicos (sobre todo de empleo y educación), parten de una alta valoración de sus habilidades digitales. Prefieren repetir, dar like, actuar como enlace de los relatos que reciben, reenviándolos a sus círculos de amigos, siempre contabilizados como una señal importante de aceptación. Destacan, en contraste, sus habilidades multitarea o multitasking, que les permiten realizar varias cosas al mismo tiempo; una condición que genera controversia, ya que para algunos se trata de dispersión o falta de concentración en actividades específicas.

Acceso, uso y apropiación de las tecnologías

Cuando la comunicación inició, hace ya tres décadas, los estudios de los recursos de la digitalización, su perspectiva se centró en el acceso, pasando luego al uso y más tarde a la apropiación, tres pasos que conforman un mismo y único proceso multidimensional.

En la etapa inicial del acceso fue primordial tener datos acerca del número de usuarios y sus variantes entre las naciones, así como en el interior de las mismas. Un siguiente momento se enfocó hacia el uso, pero no para indagar cómo se estaba procesando la presencia de los nuevos recursos tecnológicos, sino para identificar sus bondades y aplicarlas a programas que no siempre reflejaron las prácticas auténticas, sino una teorización acerca de las mismas. La apropiación, tercera parte de este proceso, implica ir más allá, rescatando la vigencia del trabajo empírico que dé cuenta de lo que está sucediendo en la cultura de la segunda década del siglo XXI, a causa de la digitalización.

Al mirar desde fuera cómo se estaban transformando las prácticas, las relaciones sociales, el trabajo o el estudio, así como la organización del espacio y el tiempo, este proceso investigativo llevó a sustentar supuestos difíciles de sostener con datos empíricos. Pero algunos de esos supuestos alimentan las políticas públicas juveniles, que suelen ignorar la capacidad creativa de navegar de los jóvenes y la fundación, paulatina, de un nuevo orden de cosas que incorpora los recursos digitales a la vida social.

Generalizable solo a sus condiciones específicas, el estudio realizado en México aporta datos que van en sentido contrario a algunos supuestos: son pocos los jóvenes orientados a cambiar el orden social establecido, sus interacciones apenas buscan subvertir su orden personal en el tránsito entre la juventud y la vida adulta. Y aunque ellos se perciban en una medianía para expresarse o en habilidades digitales, experimentan el placer de navegar mediante teléfonos móviles u otros recursos digitales, una práctica que puede ser potenciada para canalizar sus metas personales.


[1] Véase: http://www.the-ciu.net

Tags: reedes
August 25, 2016 at 09:41PM
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TELOS – Fundaci��n Tel��fonica – Detalle Art��culo – El placer de navegar

TELOS – Fundaci��n Tel��fonica – Detalle Art��culo – Ni apocal��pticos ni integrados

TELOS – Fundaci��n Tel��fonica – Detalle Art��culo – Ni apocal��pticos ni integrados

Ni apocalípticos ni integrados

Entropía no es un concepto de uso común. Tropecé con él en los primeros cursos de Telecomunicaciones y aún hoy, casi cincuenta años después, me sigue pareciendo tremendamente sugestivo. Seguramente a un buen número de nuestros lectores no le es ajeno, sobre todo porque más allá de su uso en la teoría sobre transmisión de señales es igualmente declinable en el ámbito teorético de la información -entropía de Shannon-. Por lo demás, resultan cada vez más miscibles ambos campos, tanto en su interrelación práctica como en sus fenomenologías específicas.

Este preámbulo viene a cuento en lo que se refiere a la aproximación, siquiera mínimamente, a las someras tesis que vienen circulando sobre las bondades de la llamada Sociedad en Red y su epítome la Conversación Global, como panacea para la mejora de la calidad de los contenidos informativos y, por ende, de la libertad de la información de modo genérico.

Ciertamente, la temática desborda con mucho el espacio que se concede a un artículo de opinión, pero me ha parecido interesante sacar el asunto a colación dado que en los tiempos convulsos por los que transitamos, las teorías sobre la hegemonía de un discurso dominante parecen cosa del pasado. Si bien solo han transcurrido poco más de dos décadas desde que Noam Chomsky publicara Manufactoring Consent: The Political Economy of the Mass Media, no pocos exégetas de la Red lo clasificarían hoy en la categoría de códice. Para estos, el colosal caudal informativo que circula por la Red con su inmensidad y variedad de mensajes lleva a la obsolescencia el concepto mismo de mass media.

La producción de realidad

Si la entropía se asocia al nivel de desorden de los datos que circulan en un canal de transmisión, igualmente se identifica con la incertidumbre que existe ante un conjunto de mensajes y el grado de información que suscitan. Ambas determinaciones pueden ser trasladables a la consideración que merece la Sociedad Global de la Información y a que, según las tesis resultantes o los enfoques analíticos de los que se parta, nos veremos abocados, de nuevo e imperiosamente, a aquella clasificación que establece una disyuntiva entre apocalípticos e integrados que el propio Eco calificara como simplista y reduccionista.

Si bien esta temática es bastante recurrente en Telos -en su número 100 la revista hizo balance de la era digital y la comunicación social fue uno de los temas tratados- creo que vale la pena continuar con el asunto intentando abundar en un nuevo enfoque.

Digo abundar porque me parece del mayor interés partir de las reflexiones que hacía en estas páginas el profesor Vidal Beneyto -nuestro querido y añorado Pepín- en la extensa, brillante y última contribución que aportó a esta publicación. En ella se repasaba su brillante trayectoria intelectual y su contribución a la investigación sobre el tema que nos atañe; singularmente desde que comenzara su andadura aquel celebrado Comité Internacional de Comunicación de Masas, del que fue uno de sus principales impulsores junto a su amigo Edgar Morín, y al que más tarde se incorporarían colegas de significativa relevancia en Telos, como Miquel Moragas, Enrique Bustamante o José F. Beaumont.

Destacaba Vidal Beneyto la posición en la que ha sustentado su trayectoria intelectual, a saber: el acercamiento estructural a la ideología y al discurso. Al tiempo recapacitaba sobre una de las aportaciones conceptuales más significativas al análisis sociológico de la comunicación de masas: ‘la producción de la realidad’.

Es verdad que a principios de la década de 1980 (en 1982 publicaba el IORTV -Instituto Oficial de Radiotelevisión- Telediarios y producción de la realidad) aún estábamos muy lejos de lo que Mattelart denomina como el ‘mito de la Sociedad Global de la Información’, pero tengo para mí que los elementos cualitativos para el análisis estaban en presencia.

Unos pocos años más tarde de la publicación de aquel estudio, el destino me llevó a tomar responsabilidades en la dirección de aquellos telediarios que ‘producían la realidad’, conformando un equipo integrado por profesionales no ajenos a las teorías gramscianas sobre el poder de los aparatos ideológicos y simpatizantes de las tesis de Althusser, Baudrillard y otros intelectuales de esa cofradía.

He tenido la inmensa suerte de dedicar horas y horas con el profesor Beneyto a analizar, tras la óptica de ese precepto, no pocas peripecias informativas, inclusive cómo aquel grupo citado no era -no podía ser- ajeno a la variada tipología de los ‘condicionamientos contextuales’. Así se constató en el tratamiento que los telediarios de la única cadena estatal de televisión dieron a una información tan significativa como fue la primera huelga general que se produjo en España. A pesar de la voluntad subjetiva de los que dirigíamos esos telediarios, la producción de la información no escapó de los cánones convencionales que marcaba la ortodoxia informativa imperante.

Falsa transparencia

Podría considerarse que esa fenomenología relativa a la ‘producción de la realidad’ no podría darse hoy, toda vez que la ingente multiplicidad de fuentes y de intermediadores/comunicadores vuelcan trillones de terabytes de contenidos informativos o de actualidad en la Red. La profusión de mensajes y la carencia de grandes exigencias económicas para producirlos pueden causar la impresión de acercarnos a una arcadia feliz en lo que a libertad de información se refiere y, por ende, al disfrute de la misma por la sociedad civil. Este determinismo tecnológico lleva a concluir la imposibilidad de que nada ni nadie puede controlar, ni tan siquiera condicionar, los flujos informativos, descartando la mera posibilidad de la construcción de un discurso pretendidamente hegemónico.

Sin embargo, un informe reciente de la Unesco titulado Tendencias mundiales de la libertad de expresión y el desarrollo de los medios señalaba que la Red «ofrece posibilidades inéditas para acceder, producir y compartir contenidos en múltiples plataformas», pero al mismo tiempo advierte del «control creciente de los contenidos en línea que ejercen intermediadores de Internet como los motores de búsqueda y la redes sociales, que ponen en peligro la transparencia de la libre circulación de la información».

Sabido es que los nuevos actores en el mundo de la información -Google, Facebook, Yahoo- acaparan la mayor parte de la atención del público, constituyéndose como casi el único vehículo informativo para una gran mayoría de ciudadanos. Como agregador de noticias, Google selecciona información de periódicos nacionales de todo el mundo, de publicaciones locales, especializadas y de los blogs más influyentes, dando lugar a la conformación de un medio que en emisión en continuum realiza más de 70 ediciones internacionales en 35 idiomas diferentes y que tienen una audiencia contrastada de más de mil millones. Lo más curioso es que toda esa ingente cantidad de contenidos le sale gratis. Considerado holísticamente, Google podría ser el nuevo paradigma de esta época. Es omnisciente y casi demiúrgico… también la compañía de mayor valor del mundo.

Yahoo, por su parte, ‘solo’ acumula poco más de la mitad de los usuarios de su competidor. De otro lado, a los 800 millones usuarios de Facebook que emiten opiniones y cuelgan sus propias noticias hay que añadir lo propio en Twitter y los cientos de millones de bloggers que, de alguna manera, constituyen otras fuentes informativas.

Y aquí otra vez la entropía. La gran nebulosa que conforma esa gran conversación global, el ruido que provoca la circulación de esos miles de millones de mensajes ¿no contribuirá de modo decisivo a la perpetuación del discurso dominante? O, como a Bernardo Díaz Nosty en el brillante artículo que publicó en el número centenario de esta publicación, «[…] no se ampliarán las zonas de opacidad acentuando, en definitiva, el discurso hegemónico, es decir, el viejo paradigma»?

Sin duda han surgido nuevos medios que profundizando en el rigor, la veracidad y la honestidad, cuentan historias que no son del gusto de los poderosos y aprovechan todas las ventajas que la tecnología permite para construir nuevas forma del relato informativo que aportan toda suerte de ventajas para la mejor comprensión de la información y su transmutación en conocimiento. Ahí están Mediapark y PolitiFact, entre muchos otros, como botones de muestra, pero no dejan de ser pequeñas gotas en ese tremendo canal que configura el presente continuo de la Red.

Paradójicamente, sorprende encontrar reflejos de esta realidad en algunas de las llamadas series televisivas de culto que producen las nuevas mayors norteamericanas. House of cards, por poner un ejemplo, no solo desvela la satrapía del ejercicio del poder político y su imbricación con el económico, sino que la entrelaza con la construcción del discurso informativo, incluso muestra sin ambages el castigo a las actuaciones disidentes. Mueve a pensar que estas industrias culturales desmienten las tesis que abogan por identificarlas con el adocenamiento colectivo, fruto de la pereza social cognitiva.

Apocalípticamente integrados

Cuando menos, estos emergentes ‘productos culturales’ propician una relectura crítica de Ideología y aparatos ideológicos del Estado, si bien, es cierto que los cambios en los comportamientos sociales que se han producido desde 1970, cuando publicara Althusser su obra, han sido muy cualitativos. No obstante, parece que hay manifestaciones que permanecen inmarcesibles. Al menos así se desprende de las tesis acuñadas por Zigmunt Bauman cuando, en su libro La cultura en el mundo de la modernidad líquida asevera que su función no consiste sino en crear necesidades nuevas y a la vez garantizar la permanente insatisfacción de las que ya están afianzadas.

Ante este panorama permítaseme tomarme la licencia de concluir este artículo con un pequeño homenaje póstumo a Umberto Eco y, sin ánimo ecléctico, imaginar que si la parca no nos lo hubiera arrebatado, quizá le habría dado tiempo a ampliar su particular taxonomía con una nueva categoría: apocalípticamente integrados.

Tags: TICs
August 25, 2016 at 08:51PM
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TELOS – Fundaci��n Tel��fonica – Detalle Art��culo – Ni apocal��pticos ni integrados

La vida secreta de los libros – 22.08.2016 – LA NACION

La vida secreta de los libros – 22.08.2016 – LA NACION

La vida secreta de los libros

Lunes 22 de agosto de 2016

Alumnos del taller de promoción de la lectura para jóvenes

Alumnos del taller de promoción de la lectura para jóvenes.

Marina es profe de Química, pero en sus clases siempre deja sobre el final quince minutos para dedicarlos a la lectura silenciosa. Enseña en un pueblo a unos 200 kilómetros de Resistencia, dice que su propósito es que los chicos entiendan qué es el placer de la lectura. Marina no leyó siempre, empezó a hacerlo de grande y por amor, me cuenta. Los libros no formaban parte de sus necesidades básicas hasta que se enamoró de un lector voraz, alguien que le hablaba de universos y personajes desconocidos y fascinantes, y entonces ella quiso compartir esa pasión ajena. Por eso sabe bien cómo es la literatura por contagio y trata de que los chicos que muestran “tanta necesidad de atención y cariño” en la escuela de zona desfavorable donde enseña encuentren en los libros el estímulo que les falta. Marina fue una de los casi tres mil docentes de todo el país que se reunieron durante cuatro días en el Chaco durante el Foro de Promoción de la Lectura de la Fundación Mempo Giardinelli. Algunos fueron con amigos, otros en pareja, había incluso mujeres con bebes en sus brazos en los talleres y en las conferencias. Estoy convencida de que entre los maestros, los autores y los bibliotecarios que año tras año se juntan allá en el Norte dibujan un récord maravilloso: el del evento con más cantidad de lectores por metro cuadrado en el país. No es una exageración, es una receta probada: reunir a personas con ganas y necesidad de capacitarse con otras personas que tienen cosas para enseñar y transmitir.

Vista del auditorio durante la inauguración del Foro de Mempo Giardinelli

Vista del auditorio durante la inauguración del Foro de Mempo Giardinelli.

Mirta es una mujer grande, bastante mayor que el resto de los maestros que pueblan el aula en la que, junto con mi colega Esteban, nos animamos a dictar un taller con estrategias para acercar a los jóvenes a la lectura. Levanta la mano, pide decir algo, le paso el micrófono. Cuenta la historia de un ex alumno, un chico adicto a las drogas y con un futuro que parecía tener la forma de un punto final. Años después de haber sido su maestra, Mirta se lo cruzó en una estación de servicio: el chico le contó que había dejado las drogas y le dijo que nunca había olvidado una novela que ella había dado para leer en clase, una novela en la que un grupo de adolescentes hacía un viaje al Sur. Ese viaje, esos adolescentes, había sido el horizonte que lo impulsó a salir de la oscuridad. Él quería ser como ellos, le dijo, y entonces ella entendió como nunca aquello de que leer -como escribir- es la posibilidad más cercana que tenemos los humanos de vivir otras vidas posibles. Hubo otro encuentro, también casual. Fue cuando una mañana, en la calle, él le gritó: “¡Ya puede ponerse en pedo, profe: me recibí de abogado?!”. Hay risas y estallido de aplausos para Mirta. A su lado está sentada otra mujer mayor a quien en un momento le pido que lea en voz alta un cuento que acabamos de construir entre todos, un “cadáver exquisito” cuyo argumento reúne a tres amigos, un libro maldito y un dragoncito azul engualichado que no puede volar. La escucho leer y algo florece en mi cabeza, y entonces pienso que esa voz luminosa y juguetona podría cambiar el mundo. Mirta y su amiga son abuelas cuentacuentos, promotoras voluntarias de la lectura que forman parte de un programa que lleva alegría por todo el país y que no para de ganar premios por todo el planeta. Las abuelas leen para los otros. No: en realidad, leen para cambiar la vida de los otros.

Pocas cosas me dan más placer que recomendar lecturas; es algo parecido a dar de comer rico, es compartir aquello que nos hace felices, nos emociona o nos deja pensando. Sugerir una lectura también puede ser compartir algo que nos pone tristes, pero hay momentos en los que necesitamos hacer algo con nuestra tristeza, y entre las condiciones mágicas de la buena literatura hay una fundamental, y es que ayuda a procesar el dolor. A veces sabemos a quiénes les hablamos de los libros que nos gustan porque el destinatario de nuestra recomendación tiene un rostro, pero muchas veces quienes nos dedicamos a divulgar libros echamos a rodar nombres, títulos, argumentos con la esperanza de que alguien alguna vez tome esas palabras y las haga suyas a través de la lectura. Y entonces sucede. Hace unas semanas, en Santa Fe, se me acercó un desconocido de unos treinta y algo. Era tímido, le costaba sostener la mirada, se notaba que peleaba con sus nervios y que perdía la batalla. “Te quería agradecer”, dijo, y lo miré sorprendida. “Yo leí Anna Karenina porque hace algunos años vos dijiste en la tele que uno no podía pasar por la vida sin leer esa novela de Tolstoi.” No me miraba, miraba hacia abajo, como esforzándose en el trato. “Hoy sé que tenías razón. Gracias, de veras”, fueron sus palabras. Y les juro que mientras lo decía, se llevaba la mano al pecho, ahí, junto al corazón.

Twitter: @hindelita

Tags: lectura
August 22, 2016 at 01:07PM
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La vida secreta de los libros – 22.08.2016 – LA NACION